Responsables y culpables
Eduardo González Villegas
Eduardo González Villegas
05/07/2007

Hoy hace una semana que la madrugada trajo, para once familias vallecaucanas, la trágica noticia de que sus esperados compañeros de vida no volverían. Una recua de sádicos incultos los había matado en circunstancias misteriosas que tal vez sepamos dentro de cinco años, el mismo tiempo que esos colombianos permanecieron secuestrados, simplemente porque unos de tantos monstruos que hay por ahí decidieron autoproclamarse dueños de su libertad y de sus vidas.

Cínicos de pacotilla, como han demostrado serlo, estos seudo-revolucionarios no tuvieron inconveniente en manifestar, tras la masacre, dizque su pesar por las muertes que ellos mismos llevaron a cabo: “...nos sumamos a las voces de condolencia para los familiares y amigos de los diputados por la infausta pérdida de sus seres queridos”, escribió Raúl Reyes en carta a una de las nuevas viudas. ¿Y el país? Bien, gracias. Dormido en la indolencia, contento por el crecimiento de la economía y anestesiado con el fútbol, como ya es costumbre.

Las Farc son las culpables del crimen, pero... ¿son las únicas responsables? La pregunta parece tonta e innecesaria, pero no se crea, la cosa tiene mucho más que semántica. Si culpable es aquel a quien se imputa una acción u omisión ilícitas, es decir, contrarias a derecho; y si responsable es aquel obligado a responder de algo o por alguien, es decir a asumir el cargo u obligación moral que resulta del posible yerro en asunto determinado (ver el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), entonces queda claro que en este doloroso caso hay un culpable pero puede haber más de un responsable.

Ya dijimos que toda la culpa es de la guerrilla. No importa si los secuestradores fueron atacados por un grupo mercenario, o por una banda paramilitar, o por otra organización guerrillera, o por un grupo elite del Ejército nacional, las Farc no tenían por qué matar a quienes quedaron bajo su cuidado desde que los sacaron, con engaños, del recinto de la Asamblea Departamental del Valle. Nada justifica esos asesinatos. Ni siquiera una operación rescate ya desmentida por el gobierno.

Ahora bien, es justamente a ese mismo gobierno al que le cabe responsabilidad en lo sucedido. ¿Por qué? Por intransigente. Por terco. Por no aceptar que no tiene los recursos, ni la experiencia, ni la tecnología para una hipotética operación comando para liberar a los secuestrados. Por no aplicar su ya proverbial pragmatismo para aceptar que, si no puede ir por ellos a las bravas, lo mejor sería aceptar el intercambio humanitario que medio país le sugiere e implora, traerlos por las buenas. Por no haber hecho nada para terminar con el cautiverio. Por dar bandazos y palos de ciego, como la excarcelación sin contraprestación de “Granda” y compañía. Por los gritos de poseso con los que el Presidente azuza a los generales para que vayan por los secuestrados a sangre y fuego. Por negarse a despejar un área igual o menor a la que despejó en Santafé de Ralito. Y por creer que a punta de bravuconadas histriónicas va a doblegar a una pandilla de asesinos a los que no les tiembla la mano para poner bombas, seguir secuestrando o matar con pulso helado.

De los culpables ya sabemos que no podemos esperar nada distinto a más violencia demencial. Tal vez es hora de pedir a los otros, a los que también son responsables, que corrijan el rumbo, que replanteen la estrategia, que saquen a relucir la dimensión de estadistas que ahora se necesita, que oigan un poquito, que desciendan unos centímetros del pedestal y se unten de sentido común. Que no nos regalen más dolor y más desconcierto y más tristeza en cabeza de los hombres y las mujeres que aun permanecen en poder de las bestias que se proclaman, sin rubor, dizque “ejército del pueblo”.


Derechos Reservados © 2007 Pereira - Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular