Me voy otra vez…
Angela Alvarez Vélez
Angela Alvarez Vélez
01/07/2007

Hay una canción de Shakira que contiene la frase “ahí me voy otra vez, ahí te dejo Madrid”. Pues en este caso, me voy otra vez y ahí les dejo a Pereira. Les dejo el Pereíso y no es con poco pesar. Como tal vez ya sepan, y supongo que saben porque soy tan discreta como una serenata de mariachis en un convento, me caso y me voy a vivir a Bogotá, que es donde reside el que será mi esposo y, además, la ciudad en donde, de nuevo, me ofrecieron oportunidades laborales que lamentablemente no surgieron durante mis últimos dos años y medio en Pereira. Es triste, pero mis razones para irme son puramente matemáticas (novio+trabajo=trasteo).

Me voy y ahí les quedan las calles que vieron crecer a mis ancestros y verán crecer a mi sobrino. Y aunque estoy segura de que volveré y aspiro algún día volver a residir acá, esta es mi última columna como residente en Pereira. Bueno, por ahora al menos. Soy bastante nómada, así que no se les haga raro si en un par de años doy la lora de escribir una columna titulada “volví”.

En todo caso, no importa a donde vaya siempre llevaré a Pereira en el corazón. Quiero aprovechar este espacio para asegurarles que aunque no viva acá, aunque viva en Bogotá y me case con un bogotano – y, vaya una a saber, produzca mis propios bogotanitos o bogotanitas-, soy y siempre seré orgullosamente pereirana y que esta columna reflejará siempre ese sentimiento. Por eso, juro solemnemente que en esta columna jamás aparecerán ‘roladas’, ni encontrarán palabras como ‘espichar’, ‘esfero’ o ‘bayetilla’. Les aseguro que no adquiriré la costumbre de terminar todas mis frases con una nota aguda como si fueran preguntas y tampoco me dará por hablar en diminutivos ni extranjerismos ni diré cosas como ‘estaba deli ese lunch’ ni ‘dame un poqui de arepis antes de ir al mall para ver la peli, mi George’.

Prometo que no cambiaré mi arepita con chocolate por mogolla con changua y que nunca, pero nunca aceptaré la versión de bandeja paisa que viene con ‘principio’ de pasta. Aguantaré hambre antes que comer en un lugar que escribe con apóstrofos los nombres de la comida típica (ya saben, lenteja’s, frijole’s, etc) ni tampoco aceptaré versiones restaurantizadas ni ligeras de nuestros platos (tipo chorizo de soya, tamal de tofu o lechona ‘light’). Tampoco me va a dar por comer ‘onces’ en vez de tomar el algo mi mediasnueves en vez de mediamañana, ni hablar de ‘la cena’ en vez de ‘la comida’ y menos decir que voy a comprar víveres en lugar de hacer mercado. Seguiré hablando de cuarto, torta y parabrisas en vez de alcoba, ponqué y panorámico. Nunca pediré ‘las vueltas’ sino ‘la devuelta’, que además constituye lo que se llama ‘menuda’ y no ‘sencillo’ (Si me dicen que si tengo dinero sencillo les diré que sí, que tengo un dinero que es pilao porque la moneda amarilla es de cien, la de los pajaritos es de doscientos, la de dos colores es de quinientos…) Pueden estar tranquilos porque tampoco caeré en la tentación de referirme a las demás personas como ‘ala’, ‘chinazo’ o ‘sumercé’. No me referiré a mis amigos como ‘amistades’ ni a mis papás como ‘mi papi y mi mami’. No incorporaré a mi léxico la palabra ‘demasidamente’ ni hablaré de mí misma en tercera persona con frases como ‘es que a Angelita le gusta la sopita’. Y que quede claro, yo monto en carro y en ascensor, no viajo en auto ni uso el elevador. Y el que no sepa qué es un reblujero, pues que no vaya a mi casa y listo.

Como verán, seré una digna embajadora de nuestra gente y nuestras costumbres. Es más, señor Alcalde, por qué no pensamos en un escudito o un emblemita discreto para llevar en el cuello de la camisa, algo sobrio incrustado con piedras preciosas que me distinga como cónsul de Pereira, tal vez un decreto enmarcado para la puerta de mi apartamento, un cargo simbólico que me exima de impuestos que venga acompañado por un módico salario…


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