Las Cruzadas: una catástrofe en las relaciones islamo-cristianas
César A. Aguel
César A. Aguel
17/06/2007

“Solo ahora han concluido las cruzadas.”

General Edmund Allenby al entrar a Jerusalén ‘liberada’ en 1917.

“Despierta Saladín, hemos regresado. Mi presencia consagra la victoria de la Cruz sobre la Media Luna.”

General Henri Gouraud, después de entrar en Damasco y al patear irrespetuosamente la tumba de Saladín, tras la batalla de Maysalún en 1920.

Tal es la tragedia de las tierras del Mediterráneo Oriental. Tras 500 años de opresión otomana en la región, llegaron con espíritu triunfalista y vengativo, las potencias ganadoras hacia el final de la Primera Guerra Mundial. Esto después que consiguieron derrotar a los otomanos en la zona, con la ayuda y no poca sangre de la población árabe, que había prometido luchar en ayuda de la alianza franco-inglesa, a cambio de la promesa de independencia tras la guerra.

Pero la gratitud franco-inglesa fue la ocupación de todas estas tierras, bajo el pretexto del mandato establecido por la Liga de Naciones y tras el Tratado de Versalles y la Conferencia de San Remo, en las que los árabes fueron los convidados de piedra de la alianza triunfante. Irónicamente, el Imperio Otomano, vencido, pero no ocupado, se levanta de sus propias cenizas como el ave Fénix y bajo el aegis de Mustafá Kemal, después Kemal Ataturk, construiría, en toda la Asia Menor, el moderno estado de la República Turca.

La independencia de lo que era la nación árabe solo se logra, con gran dificultad, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, pero con algunas limitaciones, como fueron las fuerzas que mantuvieron los ingleses tanto en Irak como en Egipto hasta mediados de los años cincuenta. La nación árabe fue dividida, por aquello de ‘Divide y Reinarás’ en gran parte de acuerdo a las divisiones provinciales (Vilayets) establecidas por el Imperio Otomano para facilitar la administración.

Estas divisiones artificiales garantizaban las rencillas entre estados pequeños, en beneficio de las potencias que deseban controlar las vastas riquezas energéticas de la región.

¿Pero, cual es la relación entre estos sucesos y las cruzadas?

Recordemos que las cruzadas se inician hacia finales del siglo XI, después de las consecuencias de la derrota de los Bizantinos en la Batalla de Manzikert en 1071, por parte de los turcos Seljuks, bajo Alp Arslan.

Los cristianos, liderados en un principio en su mayoría por borgoñeses y hacia el final de las cruzadas por Ricardo Corazón de León, más francés que inglés, mantienen el control parcial de la zona, la costera, hasta que son finalmente vencidos por Salah el Din, Saladin, el general de origen kurdo nacido en Tikrit, actual Irak. A la muerte de Saladin, el balance de poder estaba en manos de los árabes islámicos y fue finalmente consolidado unos cien años después con la expulsión definitiva de los cristianos del área.

Se cometieron barbaries de ambos lados, pero una de las más significativas fue la toma de Acre por parte de los cristianos en la que estos masacraron más de 25.000 personas sin distinción: Islámicos, Judíos y aún Cristianos Ortodoxos.

Para el final de las cruzadas, la humillante derrota de los cristianos había hecho de los islámicos un enemigo irreconciliable. Y ahora, 800 años más tarde, con la intromisión de los poderes occidentales en un mundo árabe que se esfuerza por salir de su marasmo, este mundo se encuentra enfrascado en un permanente esfuerzo, un Gran Jihad por lograr su verdadera autodeterminación y su justo lugar en los anales de la civilización universal.

cesaraguel@hotmail.com

www.elaprendizdehefesto.com


Derechos Reservados © 2007 Pereira - Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular