Pereira le cumplió al país, miles de ciudadanos se lanzaron a las calles
¡No más secuestro, pedimos libertad!
ANGÉLICA ALZATE BENÍTEZ

Entre gritos y pitos, miles de personas exigieron ayer al medio día desde las calles del centro de Pereira, la entrega inmediata de los cuerpos de los once ex diputados del Valle del Cauca, muertos en cautiverio y de los más de 3.100 secuestrados que tiene el país.

Ni el picante del sol, opacó las voces de los caminantes que se unieron al repudio nacional en contra de los actos terroristas, que atentan contra la libertad.

Niños y adultos, alzaron sus manos con banderas y pañuelos blancos y en una sola voz dijeron: ¡No más!

Este grito contagió hasta a los más indiferentes, que apenas miraban tímidamente desde las esquinas y desde los balcones, e hizo que muchos dejaran sus labores y se unieran a la movilización.

Un vendedor de helados, cambió su tradicional consigna y lideró las voces de uno de los grupos, pidiendo la libertad. Aunque no llevaba camiseta blanca, ni portaba bandera, su humilde pero fuerte petición, tocó el corazón de más de uno de los caminantes y logró arrancarles lágrimas a otros.

Antes de salir a marchar, los que aceptaron el llamado a derrotar la indiferencia, observaron una cruda representación de ladrillos que simulaban las lápidas de los secuestrados. Fueron en cruz, frente al Bolívar Desnudo, que fue testigo silencioso del clamor que hace hoy el pueblo colombiano, después de casi 200 años, de que se cumpliera su anhelado sueño de libertad y que vuelve a ser reclamado hoy por esta nación.



Todo el país está secuestrado

El camino que empezó a las 11:00 a.m. en la Plaza de Bolívar, finalizó en la Gobernación de Risaralda casi a la 1:00 p.m.

Media hora se tardaron los marchantes, dándole la vuelta a la Plaza de Bolívar. El río de gente se aumentó, cuando se unieron los centenares de caminantes que llegaron desde Dosquebradas.

A paso lento avanzaba la caravana y a las 12:00 del medio día, el ambiente se cargó de una extraña energía. Los conductores que se toparon con la multitud, no tuvieron más opción que cambiar de rumbo y unirse al clamor, haciendo ruido con el pito de sus carros.

El tímido grito de libertad, empezó a ahogar la silenciosa, pero fuerte exigencia. Desde ese momento, la dispersa masa, tomó conciencia de la fuerza de la unión y los banderines se alzaron más alto. Algunos caminantes gritaron que no son tres mil los colombianos secuestrados sino que, es todo un país el que está atado a las cadenas.

Las cornetas y pitos, que algunos llevaron desde sus casas y que otros compraron por $2.000, se hicieron sentir y, Pereira siguió diciendo ¡No Más! a los violentos.



No importó la edad

Mariana Granados y María Alejandra Londoño, no suman juntas los 13 años, pero esto no fue impedimento para que salieran a pedir algo que tienen muy claro, la Paz para el país donde están creciendo. “No queremos ver más noticias tristes, queremos que se acabe la guerra y que los señores que están secuestrados vuelvan a sus casas con sus familias”, dijeron las pequeñas mientras que destapaban con los dientes una bolsa de agua, para calmar la sed que les dejaron las dos horas de caminata.

Una de las pequeñas, se regresó para recordar que “también quiere que vuelva a su casa el niño que es hijo de una señora que hace política y que no conoce a su abuelita”. Se refería a Emanuel, el hijo de Clara Rojas.

Para finalizar la marcha, en la Gobernación se realizó una plegaria y hubo discursos. También se inauguró una escultura y los caminantes le dieron fin a la que, tal vez, ha sido la marcha más grande que se ha realizado en la ciudad, para exigir la libertad y demostrar que Colombia no quiere sufrir más.



Nos sentimos acompañados

Carlos Arturo Orozco, primo del ex diputado asesinado en cautiverio, Nacianceno Orozco, sólo pudo dar las gracias por el apoyo que le brindó Pereira y todo el país a su familia. “Ahora sólo pedimos que nos devuelvan el cuerpo, para que pueda descansar en paz. ¿Qué más podemos pedir?. A pesar del gran dolor, se siente la compañía de toda esta gente. A todos nos puede ocurrir esta tragedia”.

Julio César Lizcano, hermano del congresista Oscar Lizcano, secuestrado hace casi siete años, también marchó en Pereira con toda su familia. “Exigimos de inmediato el intercambio humanitario, y le damos gracias al pueblo colombiano, por acompañarnos en este camino”.



Pereira, pide la negociación y el acuerdo

A diferencia de otras ciudades, donde las opiniones están divididas entre el acuerdo humanitario y el rescate militar, en Pereira la mayoría de los marchantes están de acuerdo con una salida negociada. Piden la liberación inmediata y condenan a las Farc, a las que catalogaron como empresa asesina.

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