Espiritualidad
Del 18 al 24 de junio de 2007
Pereira, Colombia

¡Aquí despilfarramos todo! Visite usted cualquier casa de estrato bajo y encontrará la llave del agua abierta las veinticuatro horas; la luz encendida casi todo el día y la pequeña despensa con el mercado de plaza en descomposición.


Frase del día
Algunos pasan la vida cosechando resultados; otros se la pasan recogiendo consecuencias.

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Deje los malos hábitos
¡Cambie!

Euclides Ardila Rueda

En un pasado muy lejano, un hombre no era un macho ni vivía realmente como tal. Sólo tenía cuatro cosas importantes: un caballo, una mujer, monedas de oro y una espada. Pero si le faltaba alguno de esos ingredientes, ni era ‘hombre’ ni mucho menos se le tenía en cuenta en la sociedad.

Hoy, las cosas no es que hayan cambiado del todo que digamos. ¡Claro! Ya no es el caballo lo importante, sino el carro; una buena mujer sigue siendo clave para justificar todo lo conquistadores que somos; el dinero no ha dejado de ser ‘el rey’, y a cambio de una espada, la sed de poder nos sigue encegueciendo.

La fea costumbre de valorar a alguien por lo que tiene, más que por su esencia, aún impera.

Lo peor es que muchos siguen siendo así por una peligrosa filosofía de vida, que incluso algunos de nuestros ‘viejos’ sostienen hasta más no poder. La misma reza así: “Es la costumbre”.

Cerramos los ojos a la razón y cuando los abrimos, nos vemos inmersos en cuadros repetidos y vidas rutinarias y amargadas.

¿Acaso no podremos ver las cosas de una forma distinta?

¿La novia del estudiante tendrá que ser la esposa del profesional?

¿Mi hijo debe llevar el nombre del abuelo? ¿La profesión del papá debe ser la misma del hijo?

¿Se tiene que seguir lanzando el ramo en las bodas para sentenciar el próximo matrimonio?

¡Tal vez sí, tal vez no!

Ojo: no es la forma lo indispensable en este mensaje; es la esencia. A lo mejor estamos a tiempo de revisar ciertas costumbres que no nos ayudan a llevar una vida grata.

Y aunque cada uno puede tener su modo de apagar los faroles, no siempre esa fórmula obsoleta será la ideal para ello.

Ante los malos hábitos tenemos tres opciones.

1º- Continuar con el mismo sonsonete de vida.

2º- Quejarnos, protestar, echarles la culpa a los demás de lo que no funciona y no mover ni un solo dedo para ser distintos.

3º- ¡Cambiar! Mejor dicho: renovarnos, ver otro enfoque, innovar y ver la real vida que tenemos frente a nuestro espejo.

No es preciso hacer lo que todos hacen. A veces lo que usted siente, piensa y cree, es mucho mejor que todo lo que sintieron y pensaron los llamados ‘de antaño’.

No es que cada día haya menos respeto por la vida o por nuestros antecesores; lo que ocurre es que cada día existen menos cosas respetables. Muchas de ellas son las costumbres, las cuales se quedaron anquilosadas en el tiempo.



Los cambios

Todos piensan en cambiar a los demás, pero nadie se cambia a sí mismo.

Las personas cambian, cuando se dan cuenta del potencial que tienen para modificar las cosas.

Si quiere cambiar al mundo, cámbiese usted mismo.

En un mundo superior, puede ser de otra manera; pero aquí abajo, vivir es cambiar, y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.

¿Por qué se les ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio.

Las cosas no cambian; nosotros somos los que debemos cambiar.



A la medida

¿Sabía usted que la pauta para la anchura de las vías de trenes en el mundo, es de 1.43 metros?

¿Por qué fue elegida esta medida?

Es que así se construían en Inglaterra, donde inicialmente se usaron las mismas medidas de los tranvías existentes antes que los trenes.

Estos seguían las medidas de los carros de guerra romanos, los cuales fueron hechos con la anchura indispensable para acomodar los traseros de los dos caballos de guerra que tiraban de ellos.

Eso, hacer las mismas cosas del ayer, es lo que los expertos de hoy en día llaman de esta forma: ‘… La tiranía del siempre se ha hecho así’.

Cuando hablamos de ‘nuestras repetidas formas de vivir’, solemos referirnos a conductas que adoptamos por hábito, cayendo en la peligrosa y aburrida costumbre’.



Fábula

Unos sacerdotes tenían un asno, al que cargaban con sus bultos cuando se disponían a un viaje. Un día, por fatiga se murió el asno, y desollándolo hicieron con su piel unos tambores, de los cuales se sirvieron. Habiéndoles encontrado otros sacerdotes, les preguntaron dónde estaba su asno.

- “Muerto”, les respondieron. Sin embargo, el animal recibe más golpes ahora que los que recibió en su vida.

Moraleja: Mucha gente afirma haberse retirado de su hábito, pero no se da cuenta de que su hábito no se retiró nunca de él.


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