Es seguro que la madera resulta siendo un negocio rentable.
Su cosecha no es a mediano plazo, pero sí la forma más jugosa de establecer una pensión o dejar un buen legado a los consanguíneos.
La siembra de maderables es tal vez el negocio más rentable del sector agrícola, al punto que cuenta con los estímulos económicos más altos por parte del Gobierno Nacional establecidos en un Certificado de Incentivo Forestal, CIF.
Lo irónico es que a pesar de tener tantas bondades y no necesitar grandes extensiones de tierra es poco el interés por este tipo de cultivos, todo porque no tenemos una cultura afirmada respecto a los cultivos de tardío rendimiento.
En pocas palabras, no se siembran árboles porque, para el común de las personas, hay que esperarles mucho tiempo, ya sean 10, 15 o más años.
Sólo los más optimistas asumen que en realidad 15 años “están a la vuelta de la esquina. Es más, si se plantan o no, ese tiempo pasará”.
Atrayendo cultivadores
El CIF es una ayuda directa del Estado para los reforestadores. por ejemplo, el CIF por el establecimiento de una hectárea de especies nativas (autóctonas) es del 75% y de 50% para las especies introducidas.
Lo anterior significa que si se tiene un valor promedio nacional de $1.547.371 para plantar una hectárea de nativas, el CIF le llegará por $1.160.528.
Y como si fuera poco, se fijaron valores promedio nacionales de los costos totales netos de mantenimiento de una hectárea desde el segundo año hasta el quinto, según esta proyección la cuantía máxima que se reconocerá sería del 50%, significa que el Estado ayuda a sembrar y de paso a mantener el cultivo, por lo que le consigna a partir del segundo año por hectárea ($207.038), el tercer año ($146.600), el cuarto año ($93.332) y en el quinto año ($175.988).
El programa nacional contempla que pueden acceder quienes tengan la voluntad de sembrar árboles comerciales. No importa que sea grande ni chico, sólo que se tenga una tierra y se presente el proyecto, aunque una persona no puede pasar de 50 hectáreas.
De otro lado, el cultivador debe ajustarse a plantar 1.000 árboles por hectárea, como mínimo. Según voceros de Minagricultura, el cumplimiento de estos parámetros es el que ofrece la oportunidad de negocios, máxime cuando el mercado local y nacional está plenamente desabastecido, de eso dan fe los empresarios de muebles de Santa Rosa de Cabal, cuyos proveedores vienen básicamente de la selva chocoana.
Panorama en Risaralda
En Risaralda sólo se ve la transformación de la materia prima en muebles, puertas, tablas, alcobas, archivadores y otros productos, o como material de construcción. Se estima que en el departamento hay alrededor de 200 negocios entre aserraderos, carpinterías, ventas de láminas, tríplex y cielos rasos, depósitos y mueblerías, así como a un número no establecido de ebanistas informales.
En los negocios más grandes, solo tienen que hacer una llamada para que al día siguiente tengan en la puerta un pedido de material venido desde las selvas chocoanas.
La Corporación Autónoma Regional de Risaralda, Carder, realizó en 2006 el diagnóstico de zonas dedicadas al cultivo de madera, según el cual el área de bosques naturales del departamento es igual a 148 mil hectáreas, que corresponden al 41.4% del área total departamental.
La proyección que se tiene es que para el año 2015 haya un rendimiento económico por la venta de nogal de 12.800 millones de pesos, correspondiente a 122.000 árboles plantados en el año 2001, cuando se presentó la mayor siembra de esta especie. En los años posteriores ha disminuido.
La labor adelantada por la Carder permitió además establecer que hay un manejo inadecuado en ciertas actividades silviculturales.
Plan Nacional
La meta del gobierno nacional es reforestar 120 mil hectáreas en los próximos cuatro años, cumpliendo el objetivo de 30 mil hectáreas por año.
De manera paralela se busca consolidar las áreas protegidas del Sistema de Parques Naturales, incorporando 165 mil nuevas hectáreas.
Negocio rentable
El negocio de sembrar árboles es tan rentable, que una hectárea, por ejemplo, plantada en móncoro (solera) a los 12 a 14 años deja $100 millones.
Las cuentas son fáciles, pues se tienen que plantar mínimo 1.000 árboles por hectárea.
Ese corte permitirá tener árboles en bruto que valdrán a $100 mil cada uno.
Pero el negocio no está en verdad en la madera en bruto, sino en darle un valor agregado mínimo.
Sería, al menos, en bloques, lo que incrementaría de manera sustancial las ganancias.
Con los orillos se pueden confeccionar cajas para tomates o frutas y los residuos (desbrozados) se pueden vender a las fábricas de puertas prensadas.
Maderas con incentivos
Nativas: Peinemono, aliso, caracolí, árbol de pan, castaño, lechero, indio desnudo, ceiba tolúa, palo brasil, abraco, aceite maría, sajo, mazábalo, carbonero rojo, tocay, arenillo, cedro (rosado y de monte), dinde, guayacán amarillo, haba, ceiba bonga, canime, nogal, móncoro, candelero, cafeto, pino romerón, monde, cuangare, tortolito, orejero, cachimbo, chachafruto, barbatusco, jagua, guayacán, matarratón, caucho, algarrobo, ceiba amarilla, gualanday, chingalé, cedro negro, guayacán de Manizales, oití, tachuelo, arbol del paraíso, amarrabollo, laurel de cera, arrayán, amarillo, balso, aguarraz, aguacatillo, cacao de monte, chiminango, cativo, trébol, pino colombiano, mulato, cuvi, iguamarillo, roble, cucharo, samán, tara, frijolito, caoba, flor morado, cañaguate, guayacán amarillo, cobre, guarango, quillotocto, almendro, nacedero, encenillo, tachuelo y corono.
Introducidas: acacia (japonesa, negra, rubiña y bracatinga), casuarina, ciprés, eucaliptos (camandulensis, plateado, cinerea, citriodora, globulus, grandis, robusta, saligna, urophylla, tereticornis y viminalis), urapán, macadamia, pino (caribaea, kesiya, oocarpa, patula, radiata, tecunumanii, taeda, ayacahuite y elliottii), teca y melina.

Por segunda vez en los últimos doce meses el crecimiento económico del país, durante el primer trimestre del año, superó el 8 por ciento. Antes fue en el periodo octubre-diciembre del año pasado, cuando marcó 8,48 por ciento. Una cifra récord que no se registraba desde 1978, cuando el café había logrado los buenos números.
Esta vez no fue el café, pero fue la inversión privada y pública lo que originó el notable crecimiento de la economía nacional. El renglón de la construcción, según el Dane, registró el mejor desempeño, con un crecimiento del 28,27 por ciento en los tres primeros meses del año. El segundo sector de mejor crecimiento fue la industria manufacturera con un 14,59 por ciento.
En el caso del sector de comercio, reparación, restaurantes y hoteles el crecimiento fue del 11,15 por ciento. Los servicios financieros, seguros e inmuebles, aumentaron en 4,86 por ciento y por el lado de la demanda, el informe del Dane destaca que ese buen comportamiento de la economía estuvo asociado al crecimiento del consumo final en 5,4 por ciento; de la formación bruta de capital en 31,78 por ciento; y de las exportaciones en 9,43 por ciento.
Y aunque definitivamente el Gobierno ha celebrado los buenos números y queda claro que crecer no tiene nada de malo, los analistas recomiendan prudencia pues, “de eso tan bueno no dan tanto”.
Para la mayoría de los investigadores económicos, el Estado y el sector privado deben aprovechar las “vacas gordas”, pues definitivamente vendrán momentos no tan buenos, pues un crecimiento tan alto es muy difícil mantenerlo dadas las actuales situaciones nacionales e internacionales.
Sentimientos encontrados
Para la Directora Nacional de Planea-ción, Carolina Rentería, el índice de crecimiento no tiene nada de malo y se atreve a asegurar que el país mantendrá esa buena tendencia. “Colombia entró al círculo virtuoso de mayor inversión, mayor PIB y mayor generación de empleo, lo que lleva a un crecimientos sostenido de la economía y ahora el reto es mantener esta dinámica. La política social del presidente Uribe permite que los frutos del crecimiento estén llegando a todos los colombianos”, anotó Carolina Rentería.
Eso mismo opina el Ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, quien asegura que muchos han sido pesimistas y vienen alegando que el crecimiento no será sostenible. “Eso vienen diciendo desde hace tres años cuando empezó esta senda de crecimiento económico. Es que no han asociado que detrás del crecimiento está la inversión que sigue creciendo y genera ese ciclo. Cuando más inversión hay más posibilidades de hacer sostenible el crecimiento”, subrayó el ministro.
Dijo además que “la convicción ideológica del gobierno del presidente Uribe es la de atraer inversión porque detrás de ella hay confianza y crecimiento. Esa es una respuesta clara a la política de seguridad democrática. Por lo tanto ese es el gran desafío del gobierno y los resultados nos están dando la razón. El gobierno está más que satisfecho con los resultados reportados por el Dane que reafirman la convicción que tiene el gobierno de lograr crecimientos sólidos, continuos y sostenibles en el tiempo; ahora el reto es asegurar que el PIB siga creciendo y que la inflación baje”.
Susan Segal, presidente del Consejo de las Américas, dijo que definitivamente esta senda de crecimiento continuará, pues los índices de inversión se mantendrán altos y sólo falta concretar el TLC para que la situación sea mejor.
Pero otros piden prudencia y aseguran que aunque el momento actual es muy bueno, es muy difícil mantenernos en un crecimiento anual del 8 por ciento. “Me uno a la celebración por los datos del PIB, pero hay que afinar las políticas del mercado laboral para que estos buenos resultados se reflejen en una mejora en el empleo y en los indicadores de pobreza”, dijo el decano de economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria.
Andrés Restrepo, del equipo de investigaciones de Corficolombiana, también cree que hay que capitalizar el momento, pues es difícil que se mantenga el crecimiento, aunque no caerá a los niveles de los años 90. “Si el Gobierno no aprovecha las cifras actuales, vamos a volver a los índices tradicionales. El crecimiento depende en parte de las políticas de gobierno en materia de gasto público, hacer inversión pero tratar de pagar las deudas ahora que hay dinero”.
Para los analistas de Corredores Asociados, el crecimiento es sostenible si se toman las medidas adecuadas. “Nosotros creemos que sí es sostenible en la medida en que está impulsado por el consumo y la inversión privada. La pregunta no es si es sostenible o no, sino si las autoridades van a seguir tomando medidas extremas para frenarlo”.
El ex director de Planeación Jorge Ospina Sardi aseguró que definitivamente es bueno el crecimiento, pero hay que ser moderado en la celebración. “Genera empleo y recaudos, pero no es sostenible a esos niveles porque las circunstancias actuales no lo permiten”.
Según el experto, para que el crecimiento se mantenga en cifras tan altas debe haber solidez fiscal; mantener la inversión extranjera, “pero eso tiene sus ciclos”; que la economía mundial sea boyante, y eso no está ocurriendo, especialmente en Estados Unidos; no haya dudas respecto al futuro de la economía de Ecuador y Venezuela; y no se desborde la inflación.
“No sabemos cuándo llegará la desaceleración, pero el punto débil es 2009 – 2010, cuando haya cambio de Gobierno y no se han hecho los ajustes necesarios, especialmente en gasto público. No creo que la situación sea tan grave como lo ocurrido en los años 90, pero sí habrá una desaceleración de un 2 ó 3 por ciento, pero con una recuperación rápida”, explicó Ospina Sardi.
El ex ministro Rudolf Hommes tampoco es optimista. “Un crecimiento del 8 por ciento no es sostenible, ya que la economía colombiana no está en capacidad de crecer tan rápido. El ritmo adecuado estaría entre 5 y 6 por ciento”, dijo.
Lo cierto es que antes de comenzar a lanzar voladores de júbilo, lo más prudente es aprovechar el momento y prepararse para cuando las cosas no estén tan buenas, y poder así mitigar en ese momento las consecuencias negativas.