Familia
Del 12 al 18 de Noviembre de 2007
Pereira, Colombia
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Sufro porque mi hijo está enfermo

Mi hijo cumplió 3 años. Hace poco tiempo estuvo muy grave a causa de un dengue.

Desde aquella época no se ha repuesto porque vive con una tos permanente, con inhaladores y un arrume de medicinas.

No sé qué puedo hacer para verlo recuperado. Los médicos dicen que siga las indicaciones y que pronto se recuperará.

Quisiéramos consultar otro médico pero mi suegra dice que confíe en el pediatra que lo trata.

En esto llevamos seis meses. ¿Qué me aconseja? ¿Busco otro dictamen? Gracias por atender mi preocupación.

Respuesta

Distinguida señora: Es conveniente buscar otra opinión, ya que ha pasado mucho tiempo desde que su hijo adquirió el dengue.

Al no manifestar curación luego de haber desarrollado un sinnúmero de procedimientos terapéuticos se corre el grave riesgo de presentar un cuadro crónico a nivel respiratorio, es decir, asma, neumonía, bronquitis etc.

Le aconsejo actuar con inmediatez, asumiendo este reto de manera serena, sin exageraciones y siguiendo al pie de la letra las indicaciones suministradas por los pediatras.

Hoy más que nunca el niño se debe sentir acompañado, respaldado, comprendido y amado.

El ambiente que le rodea debe ser estimulante, agradable y motivante para que desencadene sustancias bioquímicas que favorezcan su pronta recuperación.

Tengan fe y manos a la obra. Hagan lo que deben. Ni un paso atrás.

Reflexión

Sea de aquellos que actúan con serenidad y eficacia cuando se requiere prontitud ante la enfermedad de un hijo.

Conserve la mente clara, prudente y cautelosa. Pregunte, analice e investigue las circunstancias de la perturbación física o mental que ha sido consultada.

Escuche con atención y objetividad los comentarios de los médicos siguiendo al pie de la letra sus indicaciones.

Sea conciente de la responsabilidad que asume en compañía de su cónyuge y transmitan al pequeño confianza y seguridad para que asimile los procedimientos terapéuticos implementados.

Al subsistir su afección a pesar del tratamiento aplicado ¡consulte otro especialista! para descartar consecuencias futuras que pueden ser irreversibles.

Para tomar decisiones acertadas requiere iniciativa, firmeza, perseverancia y una fe viva. Haga lo que debe y nunca se arrepentirá. ¡Manos a la obra!

“Usted es el jefe y no el padre de mi hijo”
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Sergio Emiro Díaz Santos

A pesar de que los hijos ya no son unos niños y tienen la edad suficiente para valerse por sí mismos, algunos padres de familia los siguen viendo como sus ‘bebés’, a quienes les hacen todo y no permiten que nada malo les suceda.

Esto a la vista de muchas personas es comprensible, porque aseguran que el amor de papá y mamá es infinito y, aunque pasen los años, siempre van a querer lo mejor para los seres que concibieron. Sin embargo, es importante que los padres no hagan las cosas por ellos, sino que los motiven a desarrollar autonomía y dar la cara a sus propios problemas, más si ya son adultos.

La realidad es que papá y mamá no serán eternos. En algunos casos los progenitores no toman conciencia de esto y les solucionan todo. Incluso llegan a intervenir en los problemas que viven sus ‘retoños’ en el lugar donde laboran.

Este es el caso de *Marisol, una joven profesional de 26 años, quien recientemente recibió un llamado de atención por parte de su jefe, debido a su bajo rendimiento laboral. Esto hizo que ella se desahogara con su mamá, quien no dudó dos veces en solucionar las cosas por su cuenta.

*Elena, su madre, le reclamó al jefe de Marisol su manera de proceder, asegurándole que no tenía derecho a gritarla, regañarla y darle el mal trato que en casa no recibe. De igual manera, le resaltó que no podía exigirle buen desempeño a su hija a cambio del bajo salario que le da.

A pesar de que el jefe le hizo ver a Elena que no debe intervenir en los asuntos de su hija, esta madre fue enfática al decirle que Marisol no está sola y que tiene quien la proteja.

Este tipo de situaciones, de acuerdo con profesionales y expertos en el tema, son una realidad que deja en evidencia la sobreprotección por parte de padres que forman hijos dependientes e inseguros.

(*) Nombres modificados



El exceso es malo

Papá y mamá a veces esperan que los hijos siempre estén junto a ellos. Después de que se casan, algunos padres prefieren que sigan viviendo bajo el mismo techo, para evitarles las dificultades económicas que puede implicar que vivan en otro lugar.

De acuerdo con la psicóloga Claudia Liliana Cely, los padres sobreprotectores no permiten que sus hijos se desarrollen normalmente, al impedir que ellos mismos solucionen sus problemas. Esto, les da a entender que no pueden solos, por lo que siempre corren a los brazos de sus progenitores cuando se ven frente a una dificultad.

“Algunos se involucran por completo en los asuntos de sus hijos desde la niñez. Aunque es importante que estén enterados de lo que hacen los pequeños y quiénes son sus amigos, no deben llegar al extremo de asumir como propias sus responsabilidades”, afirma la psicóloga, al tiempo que agrega que el papel de papá y mamá es acompañarlos en todas las etapas de la vida, mostrarles las alternativas que lo rodean y asesorarlos para que ellos mismos tomen la mejor decisión.

La relación de padre e hijo debe basarse en una separación progresiva, siempre buscando la autonomía de quien se ha dado a luz. Cuidarlo con la proyección de que él mismo se cuide y quererlo con miras a que él desarrolle su autoestima.

Por su parte, Zulma Castañeda Collazos, psicóloga clínica y consultora en desarrollo humano, afirma que en la edad adulta, en algunos casos, las personas protegidas de manera excesiva se caracterizan por ser inmaduras, viven comportamientos infantiles y no son capaces de defenderse en los contextos sociales. Por esto, cuando están inmersos en la vida laboral, los padres intervienen cuando tienen problemas.

“Les da miedo que sus hijos fracasen. Quieren que sean exitosos, por lo que un error de su parte, los padres lo asumen como un fracaso propio, al considerar que no cumplieron de manera efectiva la tarea de formarlos”, señala Zulma Castañeda.



Aceptar la realidad

Dora Herrera Anaya

Facilitadora de desarrollo personal

Algunos padres no quieren aceptar que sus hijos ya crecieron y que necesitan desarrollar su autonomía. Si desde pequeños no son autónomos, con el paso del tiempo van a necesitar cada vez más la ayuda de sus progenitores.

De igual manera, el papá o la mamá a pesar de que ven a sus hijos adultos les siguen diciendo ‘mi niño’ o ‘mi bebé’. Aunque aparentemente es una expresión de afecto, puede tener implícita una intención sobreprotectora.

A los hijos se les debe dar libertad y exigirle responsabilidad para que aprendan la importancia de tomar decisiones, que reconozcan cuáles son las adecuadas, cuáles no, sepan enfrentar dificultades, buscar los recursos y, sobretodo, encontrar confianza y valor en sí mismos.

Cuando uno de los hijos tiene un problema laboral, ya sea con el jefe o con un compañero, los padres no deben intervenir, pues si lo hacen les afectarán su autoestima al creer que no pueden solos, además de avergonzarlos frente a los demás.

La tarea de los hijos es hablar con papá y mamá y decirles que quieren crecer en autonomía y aprender de sus propias dificultades, por lo que necesita que se mantengan distantes y sólo les brinden ayuda cuando la necesiten y la hagan explícita.



La actitud de los hijos influye

Los padres al ver que sus hijos sufren van a querer hacer lo que sea para ayudarlos. Por esto, si los hijos tienen problemas en su sitio de trabajo deben saber contar las cosas para que papá y mamá no busquen intervenir por medio de amenazas a los jefes o compañeros.

De acuerdo con la psicóloga Claudia Liliana Cely, parte de la responsabilidad de que los padres de familia ‘pongan la cara’ por sus hijos, puede ser porque los últimos llegan a casa llorando, con sentimientos de furia, mostrando su situación como un gran problema y mostrándose incapaces de encontrar la salida.

“Lo que deben hacer es pedirles a los padres que los orienten, saber qué opinan y qué sugieren, pero sin intervenir. Demostrar que ellos mismos van a actuar y decidir lo que van a hacer. Agradecerles por sus palabras y darles la tranquilidad de que todo se solucionará.”

De igual manera, señala la psicóloga, los conflictos que afrontan las personas en determinado momento de la vida son necesarios para verlos como la oportunidad de desarrollar habilidades de superación.

La tarea de los hijos adultos es la de tener tacto de lo que cuentan de su vida personal, social y laboral. Por su parte, la tarea de los padres es adoptar una actitud centrada, saber escuchar e invitar a que asuman las consecuencias sin miedo a la vergüenza o al ‘qué dirán’.


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