Séptimo día
Del 12 al 18 de Noviembre de 2007
Pereira, Colombia

Que a un niño de 10 años le celebren su primera rasca con los ‘cunchos’ de ron del 31 de diciembre, no sólo es una muestra de una ciudad parrandera que socializa con el alcohol (eso lo saben los pereiranos: no hay paseo, partido, bautizo, matrimonio, funeral o paso al otro año sin ‘guarito’).

Foto de la semana
Optimismo, tras encuentro Chávez-Farc
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Iván Márquez del Secretariado de las Farc y el presidente Hugo Chávez, durante la reunión que sostuvieron en Caracas como parte del proceso en búsqueda de un acuerdo humanitario con el grupo guerrillero.

Uniformes y fetiches
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¿No se explica por qué le atrae tanto el cuerpo fibroso de los maestros de construcción, el blanco insinuante de una enfermera, un oficial de la Marina (por feo que sea) o el uniforme de azafatas, colegialas, soldados y ejecutivos de banco? para Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, la respuesta está en el fetiche.

Antes, esta palabra que provenía del portugués feitico, era entendida como el hechizo que producían ciertos objetos desconocidos a los cuales se les atribuían propiedades mágicas. Ahora se considera como una desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de excitación o deseo.

Por eso no se debe escandalizar si se la montan de fetichista después de detenerse en una tienda de sexo frente a un par de medias de malla o de seguir con la mirada un carro atestado de policías. Para Freud, es gracias a esos fetiches que el deseo se mantiene en buen estado.

El psicoanalista Jaime Campo Jaramillo explica que hay hombres que no funcionan si la mujer no se viste de ‘puta’ o de niña colegiala o si no son fuertemente castigados por una mujer con liga, zapatos de tacón y gorro militar. “La estructura fetichista es una condición sine qua non del deseo. Por eso se podría decir que todos somos un poco fetichistas en el sentido de que nos gusta participar en juegos eróticos sin ser propiamente perversos”, agrega Campo Jaramillo.



En primera fila

Si de fetiches somos todos, también es cierto que no todos los objetos alcanzan tal denominación. Los uniformes militares, de enfermeras y de azafatas continúan ocupando los primeros puestos a pesar de las innovaciones tecnológicas y de todos los ‘descrestes’ de esta nueva era. Una razón más para que los hombres de la Patria se sientan orgullosos y para que las nobles trabajadoras de la salud y de los aires continúen perturbándonos el sueño.

¿Es que cuántas no se hacen las disimuladas para mirar al soldado del camuflado que apunta al aire con su fusil? ¿Cuántos no visitan hospitales para mirar lo que se marca debajo del blanco? ¿Qué no habrá hecho un seguidor de azafatas con tal de merecer su atención?

El psicólogo Javier Alzate Zuluaga, agrega que en el tema del fetiche hay cierto grado de masoquismo, pues detrás de la imagen de un soldado empuñando un arma o de una enfermera que conoce al paciente de pies a cabeza o de una azafata que sabe de las mejores atenciones al interior de un avión, existe un referente de poder que ubica al fetichista en una condición de victimario.

Para deleite de las y los fetichistas, Séptimo Día preparó una especie de pasarela impresa para apreciar en todos sus detalles a esos irresistibles objetos del deseo.



Azafata:

El típico uniforme que convierte en fetiches a estas lindas mujeres consta de boina o kepis, camisa entallada y falda corta (al estilo de Britney Spears en Toxic) Sin embargo, en la mayoría de aerolíneas, las auxiliares de vuelo utilizan pantalón largo, camisa de cuello alto, pañoleta y placa con su nombre.



Enfermera:

Muchos hombres saben que sólo basta con el blanco para dejar volar la imaginación. El mundo del diseño para uniformes de enfermeras presenta toda clase de telas y transparencias. Del juego de mostrar y no mostrar depende que estos ángeles se conviertan en fetiche.



Militar:

Escudos blindados contra el impacto de bombas molotov, son algunos de los accesorios que lucen estos valientes hombres. Camuflajes en verde oliva y agresivas botas de montaña les confiere un encanto adicional.



Cuando los objetos son sexys

tomado de www.elobservatodo.cl

Aunque ancestralmente los fetiches eran los objetos de adoración ritual, poco a poco el término comenzó a ser utilizado para describir la obsesión sexual por un objeto inanimado facilitador del orgasmo.

Los sicólogos diferencian entre el fetichismo normal y aquel que constituye una verdadera desviación sexual cuando el objeto es absolutamente necesario para la satisfacción; es decir, cuando el fetiche por sí mismo provoca la excitación.

Este comportamiento es asociado frecuentemente a los hombres, pero hay mujeres que también tienen actitudes fetichistas como cuando se sienten más atraídas por hombres que usan uniforme.

Algunos de los objetos de fetichismo más clásico son los uniformes, ligas, guantes, zapatos de tacon aguja y máscaras, por mecionar algunos. En tanto que los más extraños son el fetichismo por las personas en extremo obesas o la obsesión por una parte del cuerpo en particular, como codos, hombros o cabello de un color determinado.


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