Hoy se celebra en el país el Día del Maestro, y uno de los gestos de gratitud que más valora la profesora Gloria Esperanza Bedoya Velásquez, es la visita de sus antiguos estudiantes, sobre todo de aquellos que ya están en la universidad.
De sus 19 años en la docencia, hace 15 que labora en el colegio oficial José Antonio Galán y hace parte de los 7.000 educadores de Risaralda que hoy celebran su día tradicional.
Esos detalles hacen parte del quehacer único de los educadores, una vocación que en el caso de Gloria Esperanza surgió de manera independiente, aunque reconoce que hay muchos docentes dentro de su familia. “Desde la infancia yo quería estudiar pedagogía infantil, pero no se dio la posibilidad y cambié a Lingüística y Literatura”, aunque ya hizo un posgrado en pedagogía y asegura que está en mora de seguir estudiando.
Casi 20 años después de iniciar su ejercicio apenas es posible que reconozca en los estudiantes lo que ella fue en su etapa escolar, como el día en que fue sorprendida haciendo trampa con las tablas de multiplicar, sin embargo, está más marcada por las diferencias generacionales.
Entre una buena cantidad de reflexiones, destaca que un docente está dedicado de tiempo completo a su labor, inclusive la gran mayoría llevan el trabajo a sus hogares.
Todo ello para responder al reto de enseñar a los estudiantes de hoy. “Un maestro debe vivir el momento histórico del estudiante, si no lo hace se puede estrellar... El docente por experimentado que esté tiene que se moderno, estar a la vanguardia con disciplina y rigor pero viviendo la vida de los estudiantes, sin volverse compinche de ellos”.
Sin desconocer todo lo que va perdiendo día a día el maestro como trabajador, una de sus mayores preocupaciones es lo que denomina “contaminación de los estudiantes” refiriéndose no sólo a la competencia del saber que transmiten los educadores con lo que aprenden los jóvenes en su tiempo libre, sino porque “los muchachos de hoy son polifuncionales, son capaces de atender una clase escuchando el walkman, leyendo una revista, hablando con el compañero. Ellos no pueden estudiar sin una música espantosa para nosotros los docentes, les aterra el silencio, no se pueden concentrar, por eso son magos, porque atienden a muchos señores al mismo tiempo”, pero a la vez recalca que ellos mismos no confrontan ni preguntan.
En general este es el nuevo reto de los educadores, que es diferente a los del pasado, algo que obliga a los educadores de hoy a mantener el alma joven, como concluye la profesora.