Espiritualidad
Del 2 al 8 de Marzo de 2008
Pereira, Colombia

La pregunta la responde una de las personas más ricas del mundo. ¿Su nombre? No importa, sólo debe saber que donó $31.000 millones de dólares para obras de caridad.


Frase del día
Tenemos una sola boca y dos oídos, para que lo que digamos sea siempre menos de lo que oímos.

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Todos podemos alentar a los demás para que continúen mirando hacia el frente
¡Ánimo!

Euclides Ardila Rueda

Juntar las manos está bien, pero abrirlas es mejor. Y más allá de las palmaditas, están las buenas acciones que hacemos por los demás.

Cuando alguien que ha sido golpeado por la desgracia, le pide ayuda, ¡escúchelo! Póngase en sus zapatos.

¡No! no hay que enterrarse con él; sólo hay que ayudarlo a no caer en la sepultura.

Para algunos la vida es más fácil, para otros no tanto. Sin embargo, cualquiera que sea nuestro caso, debemos tener presente que vinimos a ayudarnos a pasar todos los momentos, ¡buenos o malos!

Nos ocurría en el colegio, justo en el año de la graduación. Nadie quería que ninguno de nuestros compañeros se quedara por fuera de la ceremonia de fin de año. ¿O sí? Por eso, nos volvíamos ‘cadena’ y cada quien era un eslabón para ver a ese amigo portando la toga y el birrete el último día de clases.

No desampare a un amigo.

Lo que se le dice a él para animarlo, no sólo es de extremada importancia, sino que además puede ser la mejor cura para ayudarlo a levantar.

Una palabra de aliento, en el instante preciso, le puede permitir a alguien la capacidad de discernir lo que deberá hacer en ese momento difícil.

Visitar a un amigo en la clínica, acompañarlo en el funeral de un ser querido o incluso ayudarlo a salir de vicios como el alcohol y las drogas, serán las mejores acciones que podremos hacer por él, incluso más que prestarle plata.

Para alentar a alguien en dificultades, el secreto radica en darle confianza. Debe invitársele a mirar siempre hacia delante; de lo contrario, no avanzará.

Existe algo que se conoce como la actitud durante la tormenta. Usted puede ser un ‘paraguas’ para quien es azotado por el mal tiempo.

Cuando alguien es sorprendido en la calle por un aguacero, tiene dos opciones: o corre de prisa o se ubica justo debajo de un tejado.

En los dos casos, se mojará: mucho o poquito, pero igual de las gotas no se salvará.

Si estuviéramos preparados mentalmente para la idea de estar mojados, no nos contrariaría tanto la idea de una borrasca.

Además, si podemos explicarle eso a un amigo, con seguridad que él sabrá sacarle provecho a cualquier temporal.

¡Ánimo!



Sembrador de flores

Cada día salían de su cultivo hermosas flores, las cuales ‘vendía como arroz’. Eran las más bellas y fragantes.

¿A qué se debía la calidad de sus cultivos?

Él mismo cultivador respondía:

“Todo obedece a que de cada cultivo saco las mejores semillas y las comparto con mis jardineros vecinos, para que ellos también las siembren”.

¿Por qué las comparte con sus vecinos? ¿No son sus competidores?

“Yo lo hago, porque al tener ellos buenos sembrados, el viento me va a devolver a mi cultivo buenas semillas y la cosecha será mayor; si no lo hiciera así, ellos sembrarían semillas de mala calidad que el viento traería a mi jardín y cruzaría las semillas, haciendo que mis flores sean de mala calidad”.

Lo mismo ocurre en nuestra vida.

Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que se tocan.



Oración

Si alguien está mal o la tristeza por algún motivo

le embarga su corazón, lea en voz baja estas palabras:

“Dios, pongo en tus manos mi vida y mis angustias. Permite que todo lo que me ocurra, así a mí me

parezca malo, tenga una razón valiosa para que suceda. Permíteme vivir de acuerdo con tu Voluntad”.



Así se alimentan en el cielo

Si alguna vez va al infierno verá en medio una gran mesa redonda, una gran olla de guisado que olerá delicioso. Sin embargo, notará que quienes están sentados alrededor de la mesa estarán delgados y enfermos, casi hambrientos.

Ellos estarán sosteniendo cucharas con mangos muy largos que están atados a sus brazos; así que todos son capaces de meter la mano en el pote de guisado y tomar una cucharada, pero como el mango es más largo que sus brazos, no pueden poner las cucharas dentro de sus bocas.

En cambio, en el cielo hay de igual forma una gran mesa redonda con el gran pote de guisado. Allí, la gente está equipada con las mismas cucharas de mangos largos, pero aquí cada persona se ve bien alimentada y llena de salud.

¿Qué pasa en el cielo?

Que quienes van allí aprenden a alimentarse el uno al otro, mientras que los del infierno sólo piensan en ellos mismos.

Sí, el verdadero sentido del amor es dar.



Desde la ventana

Estaban enfermos y los dos ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama, durante horas, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las bellas cosas que podía ver desde la altura.

Decía que observaba un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados, según decía, paseaban de la mano, entre flores de todos los colores.

El hombre de la ventana describía todo esto con un detalle exquisito; el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una mañana, el hombre de la ventana murió. Y tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre enfermo pidió ser trasladado a la cama, al lado de la ventana.

Cuando pudo ver a través de ella, se encontró con una pared blanca.

El hombre le preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.

La enfermera le dijo:

“Es raro, él era un hombre ciego y no habría podido ver ni la pared. A lo mejor, sólo quería animarlo a usted”.

Recuerde: Produce una tremenda felicidad hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación.

El dolor compartido, es la mitad de la pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.


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