En el laboratorio de Rayos X de la clínica Rita Arango Alvarez del Pino, hay que meterle pedal al dictáfono. De eso se encarga Luz Dary Soto Navarro, ‘todera’ sin remilgos y secretaria general graduada del Sena. Después de 12 años de servicio a su querida institución y por los hilos del destino, esta ayudante de cocina, portera, recepcionista y secretaria de oficios varios, ocupó el cargo de digitadora, el mismo que hacía de ‘mentiritas’ en el colegio.

Diecinueve ex agentes discapacitados de la Policía iniciaron en Medellín una marcha para pedir la liberación de sus compañeros secuestrados, recorrido que finalizará el próximo miércoles 27 de febrero en el Monumento a los Héroes Caídos en Bogotá.

Antes de irse a la camita como Topoyiyo, una niña de Pro Ana y Pro Mia, club de anoréxicas y bulímicas que conforman ‘el mundo de las princesas’, rezaría así: “estricta es mi dieta, no debo desear comida. Diré mentiras cuando me acueste cada noche hambrienta. Pasaré por las confiterías y no dejaré caer mi fuerza de voluntad. Llenaré mi estómago de líquidos. Los cuadros de calorías y control de peso me seguirán todos los días. Descansaré en el temor de las básculas para siempre, Amén”.
Esto no es broma ni cuento chino ni psicología inversa. Es parte del contenido que ofrecen, con mutación de nombre, las páginas virtuales de este club aberrante que fue creado con el objetivo de defender de este mundo a quienes son marginadas por ser Ana (anoréxica) o Mia (bulímica). Direcciones como mecomoamimisma.blogdiario.com o proanagirl.blogspot.com sólo son dos de los despistes nominales con acceso directo a una extensa plataforma virtual que le enseña a las niñas y adolescentes el secreto de cómo ser bellas, delgadas y perfectas a partir de la privación de todo lo que huela a comida.
¿Quieres pertenecer a este club donde hablaremos entre nosotras, haremos concursos de quién baja más, pondremos nuevas leyes y hasta celebraremos nuestro día de Ana y Mia? Si la respuesta es afirmativa, la nueva integrante deberá llenar (a escondidas de sus padres) un formulario que contiene, entre otros tópicos, el peso ansiado por conseguir, el grado de parentesco con Ana y Mia, las estrategias que utiliza en su casa para que nadie lo sepa y lo que estaría dispuesta a hacer con tal de convertirse en una ‘princesa’. Después de enviar sus respuestas, la niña recibirá, automáticamente, un lindo mensaje rosa que le dará la bienvenida definitiva a la organización secreta del M.A.H.M (abreviaturas de Mia, Ana, Hambre y Muerte).
A partir de ese día, la nueva integrante deberá repetir hasta el cansancio los preceptos del club: “si no estás delgada no eres atractiva”, “compra la ropa adecuada, córtate el pelo, toma laxantes, muérete de hambre... lo que sea, para estar más delgada”, “contarás calorías y limitarás tus comidas de acuerdo con ellas”, “nunca se está lo suficientemente delgada”, “el no comer demuestra la auténtica fuerza de voluntad y el nivel de éxito”.
Razones de sobra tienen las campañas que se multiplican en la web para que el club aberrante de Pro Ana y Pro Mia desaparezca para siempre. Séptimo Día conoció además las razones de Alejandra María Santa, joven santarosana que llegó hasta los huesos por cuenta de la anorexia y que ahora se encuentra en su segundo año de recuperación, luego de verse obligada a poner tutela para ganarle a la muerte.
Una princesa con 26 kilos
“Mi piel era pálida, reseca y escamosa, y tan delgada, que cuando se pelaba dejaba ver los huesos, sobre todo los de la espalda, el coxis y las caderas. Lo peor venía por la noche, mientras intentaba dormir. Había algo en el colchón que me tallaba, pero tardé varios días en descubrir: era mi propio cuerpo. También tenía los senos planos, los dientes picados, el pelo caído y mi cabeza no hacía juego con el resto. Era una cosa deforme. Parecía un judío en un campo de concentración”. Así explica Alejandra las razones por las cuales una página virtual como Pro Ana y Pro Mia no puede ser asumida como un juego de ‘princesas rebeldes’ que buscan la esbeltez a como dé lugar.
Después del ensayo y error con su propio cuerpo, porque desafortunadamente en Colombia no existe una organización especializada en el tratamiento integral de la anorexia, Alejandra sostiene que este trastorno alimenticio no sólo tiene relación directa con el interés estético. “Hay muchas niñas que presentan cuadros de anorexia justo después de que se separan sus padres. Otras los padecen por depresiones o simplemente por asuntos hereditarios. Esto es lo que hace que la enfermedad sea confundida fácilmente con otras patologías”.
Ese fue su caso. A los 14 años, mientras servía de testigo de una fuerte crisis familiar, el cuerpo de Alejandra comenzó a rechazar alimentos. El miedo a la comida le generó estreñimiento y éste, a su vez, le produjo una constante sensación de llenura que su mamá y su hermana (en ese entonces reina de Santa Rosa y del Departamento) asociaban con unos kilos de más.
La presión familiar, algunos comerciales de televisión y esa molesta sensación corporal, la llevaron a consumir cantidades exorbitantes de fibra. Su único objetivo era quitarse de encima, a como diera lugar, todo lo que tenía represado. Pero era tanta la evacuación, que en pocos meses comenzó a perder kilos de forma alarmante. “Después de eso, tuvieron que pasar tres años para darme cuenta de que tenía un grave desorden alimenticio, agravado, entre otras cosas, por un cáncer que se llevó a mi mamá cuando menos lo esperaba”.
Ahí comenzaron sus visitas fallidas a médicos internistas, homeópatas y botánicos. Pero en vista de que ningún especialista daba en el blanco, decidió, como última esperanza, escabullirse en Internet para encontrar respuestas. Y el hallazgo rebosó la expectativa. Google le mostró, por primera vez, todas las minucias de esa enfermedad larga y silenciosa que por fin se mostraba en la fragilidad de sus huesos.
“Para salir de la anorexia uno necesita de la ayuda integral de endocrinos, pediatras, psicólogos, psiquiatras y nutricionistas. Ese es el serio problema en Colombia. Acá no se trabaja en equipo y eso hace que los diagnósticos se confundan. Por eso, una vez tuve identificadas las causas y el grado de complejidad de mi anorexia, tuve que entutelar a entidad prestadora de salud para recibir los medicamentos. Esa fue la única forma de ganarle la batalla a la muerte”. A sus 21 años y con 43 kilos de peso, gracias a la ayuda del Instituto de Trastornos Alimentarios, en España, Alejandra se prepara para el lanzamiento de su primer libro: “Un Precipicio a la Anorexia”.
“¿Ahora sí me entiende por qué Pro Ana y Pro Mia deberían desaparecer de la web?”, concluye Alejandra con el mismo guiño inteligente de quienes lograron superar enfermedades mortales.
Vuelta de hoja para reencontrar el valor femenino
Lucía Magdalena Arévalo, madre superiora del colegio De Los Sagrados Corazones, afirma que es tan fuerte esta corriente moderna que valora a la mujer únicamente por su apariencia física, que muchas niñas y adolescentes viven con un deseo constante de afirmación no sólo por sus iguales sino por el sexo opuesto. Por eso buscan la forma de estar esbeltas al precio que sea. Agrega que este es un gran desafío a la educación para que la mujer se valore en su integridad y reconozca que hay otros valores y capacidades de mucha trascendencia que le van a durar más allá de su vejez o del deterioro de su cuerpo.
Infortunadamene, para la madre superiora, los colegios deben nadar contra corriente. “Muchas veces les decimos a las niñas cosas opuestas a lo que moda y la sociedad de consumo les ofrece. Por eso, si el colegio y la familia actualizan constantemente sus estrategias, las niña pueden sostenerse y tener criterios para saber defenderse de este tipo de patologías”.