Jesús, nuestro Maestro, nos enseña que cuando un árbol no da fruto, se abona y se poda. Y si aún así no es productivo, debe cortarse para que no ocupe un terreno en balde.
Frase del día
El que no tiene cabeza para prever, tiene que tener espalda para aguantar.

Ahora sí comenzó ‘en serio’ el año laboral 2008. Es probable que muchos de nuestros parientes hayan emprendido sus viajes de retorno a casa y con ellos se habrán quedado los gratos momentos celebrados en la Navidad que pasó. A lo mejor hay nostalgia. ¿Quién sabe cuándo nos volveremos a reunir? Sin embargo, los días que vivimos juntos nos reconciliaron una vez más con Dios y con la vida. Esa es la magia de la familia. Y es que así tengamos diferencias o no, nuestro hogar es el seno espiritual donde se fomentan las esperanzas, los anhelos y los grandes propósitos. De ella, de nuestra gran familia, escribimos hoy. Es un homenaje a este ‘pequeño país’ que Dios nos construyó en el corazón y que todos amamos, así muchas veces el trabajo nos ponga grandes distancias.
¿Qué encontramos con el dinero?
Un poco de felicidad y de alivio por los gastos. Ese no debe faltar, en la medida de lo posible.
¿Qué encontramos con las amistades?
Alegrías, buenos ‘compas’ y encuentros regios. Ellos también son necesarios.
¿Qué encontramos con las medicinas?
Es claro que la cura para algunas enfermedades. Ellos son claves para sobrellevar las dolencias.
Sin embargo, ni en el dinero, ni con los amigos, ni entre los medicamentos encontraremos el tesoro más grande de la vida: nuestra familia.
El lugar donde nacieron nuestros hijos no fue un hospital; fue una cuna, una casa, un hogar.
¿Por qué nos ‘refugiamos’ más tiempo en las oficinas, en las empresas o en la calle misma, que en nuestras casas?
La familia está a nuestro lado y es con ella con la que debemos compartir, al menos es a la que más le debemos dedicar tiempo.
¿Por qué?
Porque a nuestros ‘viejos’, hermanos, esposos (as) e hijos les debemos todo: las risas, las alegrías, los buenos momentos, los triunfos y, por qué no decirlo, hasta uno que otro fracaso. Pero aún así, ellos conforman nuestra familia.
Nuestra gente, además de ser nuestra sangre, es esa amiga que nos regala la naturaleza.
Hablar con un hermano, abrazarlo, amar a nuestros padres, querer a nuestros hijos y enorgullecernos de ellos son los únicos goces puros y sin mezcla de tristeza que le han sido dados sobre la tierra al hombre.
Es cierto, a veces peleamos. ¿Quién no lo ha hecho? Pero por más rabia que tengamos, sólo a la familia aprendemos a perdonar.
Podemos tener todos los amigos del mundo, ser las ‘fichas’ más importantes de la empresa o incluso decir que somos solitarios empedernidos; pero siempre, en cualquier camino, en cualquier estación de bus, en cualquier pueblo o ciudad, extrañaremos la familia.
Nuestro hogar es el comienzo y el final, en él nacimos y con él moriremos. Con las familias, recibimos el más bello regalo de Dios; lo demás que hayamos cosechado en la vida, no tiene tanta importancia.
Fría estadística
Los altos números de divorcios, los incrementos en las llamadas uniones libres, el uso de los métodos anticonceptivos, una relativa emigración de jóvenes al exterior y las bajas tasas de fecundidaden continua disminución, han incidido en la baja del número de hogares conformados en nuestro país.
Frases ciertas
La familia no se mide por el número de miembros, sino por la unión que hay en ellos.
Hogar que crece unido permanece unido para siempre.
Las peleas pasan hasta en las mejores familias.
Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve un pianista.
Una buena familia comienza con un buen ejemplo de los padres.
De hecho, el abandono de un padre puede llegar a destruir una familia.
Tal vez no lo ha notado, pero su futuro depende, en gran parte de su familia; nunca la abandone porque la vida se lo va a cobrar.
La familia es base de la sociedad y es el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida.
Ningún éxito, ninguna suma millonaria, ningún placer exótico, ningún trabajo, ni ninguna otra cosa en la vida puede compensar el fracaso en el hogar.
Los padres de familia suelen hablar de la nueva generación como si no tuvieran nada que ver con ella.
Una casa sin hijos es una colmena sin abejas.
Un buen padre vale por cien maestros.
La mano que mece la cuna rige el mundo.
La familia es un grupo social que, aunque no le guste, se debe querer y amar. De lo contario, la culpabilidad no lo dejará vivir.
Ame a su familia de principio a fin, sin medida, porque siempre, donde vaya, será parte de una de ellas.
Aproveche al máximo compartir con su familia y sea protagonista de un hogar bien cimentado.
Cuando algunos se van para siempre
Cuando ellos ya no están, cuando sólo nos queda el recuerdo de la última vez que los vimos, afloran los recuerdos. Muchos pensamientos llegan a nuestras mentes: cuando jugábamos, cuando ‘rumbeábamos’, cuando estudiábamos y hasta cuándo pelábamos.
Recordamos los cumpleaños, los abrazos de año nuevo, las veces que nos tomamos unas ‘polas’ con ellos, en fin...
Es ahí cuando pensamos que Dios debería darnos el poder de regresar las hojas del almanaque para compartir con ellos, con nuestros amados familiares, el tiempo perdido.
A veces es muy tarde ya. Esperamos a reunirnos en familia para rezar las novenas de los muertos. Ahí sí, en los cementerios y en las misas, evocamos con tristeza a esos seres que dejamos ir, sin decirles que los queríamos. Ellos, a lo mejor ya no nos escucharán, así estén en el cielo.
Pero, ¿Saben una cosa? Tenemos un consuelo.
¿Cuál?
Que tenemos otra oportunidad de compartir con los que aún están con nosotros. Pruebe este año y verá lo diferente que serán los días, cuando nuestra familia esté en la agenda diaria.