Jesús, nuestro Maestro, nos enseña que cuando un árbol no da fruto, se abona y se poda. Y si aún así no es productivo, debe cortarse para que no ocupe un terreno en balde.
Cuando ustedes, padres de familia, no forman bien a sus hijos, nos les dan responsabilidades, no les permiten crecer; mañana serán personas discapacitadas para tomar sus propias decisiones. No sabrán afrontar los problemas que se les presenten.
Hay gente que se acostumbra a vivir de la mendicidad y les resulta fácil estar pidiendo ‘limosna’, y entonces el trabajo les resulta una tarea imposible de acometer. Alcahuetear la holgazanería es ir contra el desarrollo de la persona.
Cuando hay justicia social, sobra la beneficencia, pues todo el mundo tendrá lo necesario para satisfacer las necesidades básicas y vivir con dignidad. Un pueblo, y por ende una persona, que no construye su propio futuro, será siempre dependiente y maltratado.
Hay quienes tienen ‘cero’ de creatividad para hacer el bien y son ‘superdotados’ para hacer el mal. Un gobierno más que dar cosas, debe invertir en la educación del pueblo. Primero hay que alimentar la mente, luego el estómago.
La riqueza está dada, hay que saberla aprovechar y, sobre todo, hacerla rentable y productiva.
Un pueblo con mentalidad estomacal no tiene criterio para elegir a sus gobernantes. Una masa sin pensamiento crítico, sólo es satisfecha con la comida. Aquí reinan los populistas. Pero ese pueblo, nunca será adulto.
No sea alcahuete de su hijo, exíjale crecimiento y acompáñelo en el proceso de desarrollo. No lo supla, asesórelo con amor. Dé la mano para que el otro camine. Pero después déjelo caminar solo. Un país no saldrá del marasmo del subdesarrollo si no tiene gente creativa y recursiva. Quien se convierte en gusano, para qué protesta cuando lo pisan.