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El valor del perdón

Resulta imposible olvidar un pasado doloroso, donde la violencia, la infidelidad y el alcohol dejaron recuerdos imborrables.

Con mis 3 hijos hemos tenido que soportar un ambiente de grosería, irrespeto y desorden por parte del papá. Llevo 15 años de matrimonio y duele saber que cuando me casé con él abandoné mis estudios universitarios y a mi familia.

Mi esposo trabaja como conductor de camión y viaja mucho. Aunque ha sido un hombre trabajador y responsable con la casa, ha faltado su presencia para educar a los niños a quienes he sacado adelante con sacrificio.

Mi esposo dice que lo perdone, que va a cambiar. Que lo haga por él y nuestros hijos. Quisiera perdonarlo y dejar de amargarme la vida, pero no sé cómo hacerlo.

Ayúdeme por favor.

Respuesta

Distinguida señora: Perdonar no significa olvidar. Es recordar y aceptar un pasado sin dolor.

Mantener el resentimiento y la rabia por lo que pasó es preservar en el tiempo y el espacio aquellos sucesos o conflictos como si estuviesen ocurriendo ahora.

Al perdonar da oportunidad de renovar, replantear, reiniciar una relación afectiva sin dejarse influir por la carga negativa de los recuerdos de aquel pasado.

Busque un espacio para conversar con su esposo, expresándole su disposición para perdonarle.

Comprométale a cambiar su forma de actuar siendo más respetuoso, comprensivo y amoroso no sólo con usted, sino ante todo con los niños. Cuide su apariencia personal, ¡póngase linda! y haga sentir a su esposo que tiene la más hermosa y maravillosa esposa y madre de todo el mundo.

Reflexión

Mientras subsistan vívidamente los recuerdos negativos del pasado, el dolor y sufrimiento formarán parte integral de su existencia.

Déjelos atrás porque ya no existen, pasaron como paja que se lleva el viento.

Aprenda de sus enseñanzas y permítase crecer, madurar, trascender para encontrar la paz, tranquilidad y felicidad que merece atesorar en su interior.

Es hora de reconciliación con los demás, consigo mismo, sin permitir preservar lo que hiere cual si fuese un masoquista que disfruta del dolor propio o ajeno.

Aléjese de aquellos recuerdos y dígase: “A partir de hoy dejo mi pasado atrás. Acepto las consecuencias de mis actos y de los hechos traumáticos que forman parte de mi vida. Acogeré sus sabias enseñanzas y me sentiré tranquilo, alegre y seguro. ¡Yo soy feliz!

Papá y mamá: ¿tengo un nuevo hermano?
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Xiomara K. Montañez

La llegada de un nuevo miembro a la familia es más fácil de asimilar si proviene del fruto de la unión de los padres, si es un familiar ausente o alguien cercano que necesita un espacio para vivir y compartir.

No obstante, el cuadro familiar se altera cuando el que llega es un hijo que ha estado en el anonimato, un ser humano que además desconoce la existencia de hermanos, tíos, primos y abuelos.

Es allí cuando las preguntas surgen, la incertidumbre embarga a las personas involucradas y se debe llegar a un proceso final que tiene dos caras: La aceptación o el rechazo.



Si se arriesga, se puede perder

Álvaro Porras conocía de la existencia de su hijo Sebastián, fruto de la unión que sostenía desde hace varios años con Carmenza, una joven que en ocasiones cuidaba de su hijo mayor, Fabio.

La esposa de Álvaro, Teresa, por años creyó que todo era un malentendido entre su esposo y Carmenza, que sus celos eran los que la llevaban a imaginarse alguna relación clandestina entre los dos.

A pesar de esto, con el paso del tiempo, Álvaro no pudo ocultar más la existencia de Sebastián. Él confesó a Teresa y a sus hijos Fabio y Marcela, que el pequeño era su hermano.

“Para todos fue una situación bastante incómoda, lo que nos llevó a la separación definitiva. Hoy día Teresa está con una nueva pareja y la acompaña mi hijo Fabio. A mí me acompaña mi pequeña Marcela y tengo una nueva relación”, explica Álvaro.

Casos como estos son cada vez más frecuentes en la sociedad, donde tarde o temprano se termina conociendo el pasado que muchos prefieren ocultar.

La imagen de ‘padres o madres perfectas’ terminan desmoronándose ante sus hijos, generando rechazos y conflictos de toda clase.

Ana Juliana Becerra, psicóloga experta en temas de familia, explica que para la mayoría de personas que viven estas situaciones es complicado enfrentarlas, especialmente por las consecuencias que éstas pueden generar.

Casi siempre se piensa en que esto llevará a una pérdida definitiva de la relación, sin llegar antes a una solución.

“Es más simple evitar el gasto emocional. Dejar en el tintero o evadir es la primera alternativa que se contempla o se utiliza”, explica esta profesional.

Sin embargo, la persona no piensa que esto puede generar efectos a largo plazo.

“Si se pensara o se tomara una decisión cuando se conoce la situación, se enfrentaría de forma más adecuada. El paso del tiempo trae más incertidumbre para el que debe recibir la información inesperada”, añade Ana Juliana Becerra.



Entre más adultos, menos se acepta la realidad

Carolina Pérez de 28 años, reconoce la existencia de una hermana, Mayerli, quien tiene actualmente 22 años. Ella ha vivido lejos de su padre, Jesús Pérez, desde pequeña y han sido pocos los momentos que han compartido. A pesar de esto, su padre pide un acercamiento y quiere que las dos hermanas se reúnan.

Para Carolina no es una situación fácil. “Creo que mi padre me debe mucho tiempo y cariño. No es el momento para que llegue con otra hija y menos que me pida compartir con ella. Somos adultas y cada una ya tiene su espacio”, afirma esta mujer.

La psicóloga Ana María Becerra, explica que esta es una de las reacciones más frecuentes que experimentan los hijos adultos. “Entre más pequeños sean los hijos, más fácil es para ellos asimilar lo sucedido”, añade. “Un adulto muchas veces tiene su vida estable y esto los altera”.

¿Qué otro tipo de traumas generan estos secretos a la familia? Para la psicóloga, todo depende de cómo se maneje la información de los padres a los hijos involucrados.

“Los niños aceptan de manera menos incómoda. A veces, si la información es manejada por una madre que se siente engañada, automáticamente el hijo rechaza todo, no analiza”, dice esta experta.



“Muchas veces, el problema en sí no es con el hijo que aparece, sino con su madre o padre -la ex pareja-. La persona engañada siempre tiende a pensar en que ‘donde hubo fuego, cenizas quedan’, algo que no la deja estar tranquila.

Gabriela Otero, psicóloga.



La voz de un experto

Casi siempre en este tipo de situaciones se experimenta un replanteamiento de valores. Los miembros de la familia se desilusionan y la imagen de súper papá o mamá, se pierde por completo.

La pareja que recibe la noticia, sea hombre o mujer, juega un papel importante en todo. Puede asumir una actitud negativa por el engaño, perder el amor de pareja y fidelidad que tiene hacia el otro.

En otros casos, simplemente acepta y decide que el nuevo miembro llegue sin problema.

A pesar de esto, el problema en sí no es con el hijo que aparece, sino con su madre o padre -la ex pareja-.

La persona engañada siempre tiende a pensar en que ‘donde hubo fuego, cenizas quedan’, algo que no la deja estar tranquila.



Ante todo, decir la verdad

Si la pareja ya ha hablado y está de acuerdo, no se genera una crisis familiar. Luego se debe pensar en alternativas para que este nuevo miembro se integre. Tenga en cuenta:

1. Manejar siempre la verdad. No arriesgue la seguridad familiar de sus seres queridos.

2. Busque espacios donde se pueda se pueda hablar libremente del tema.

3. Cuando se hable de la persona implicada, utilice su nombre. No es bueno utilizar términos como ‘el hijo de esa’, ‘el arrimado’ o ‘el ilegítimo’.

4. Ante todo el respeto. Es bueno que si se generan discusiones no se llegue a una riña y a las malas palabras.

5. El vínculo familiar se constituye ‘creciendo juntos’. No presione a su pareja a que acepte el nuevo miembro como su hijo propio. Además, nunca espere que sus hijos lo llamen ‘hermano’. Esto sólo se da con el tiempo.


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