
Con mi esposa trabajamos mucho. Salimos a las 6 de la mañana y regresamos entre 8 y 9 de la noche.
Es extenuante nuestra jornada pero nos toca para sacar adelante a la familia.
Tenemos dos niños de 8 y 10 años. Han sido regulares estudiantes, pero ahí van saliendo adelante.
Estamos preocupados porque la muchacha que vive con nosotros y cuida los niños, comentó que no están haciendo tareas y se la pasan pegados al televisor desde la una de la tarde.
Esto nos lleva a pensar que pueden ser teleadictos, tal como leímos en un periódico. ¿Será posible? ¿Qué debemos hacer para evitar problemas futuros en ellos?
Distinguido señor: Hay que regular el tiempo en el que puedan ver televisión sus hijos, para evitar esa conducta compulsiva llamada teleadicción.
Deben propiciar una reunión familiar para compartir sus inquietudes, escuchando con atención sus razones y generando decisiones que beneficien su desempeño tanto académico como humano.
Suscribirán compromisos escritos con horarios establecidos para realizar tareas y ver ciertos espacios de televisión que dejen alguna enseñanza.
Este ‘campanazo’ es la oportunidad propicia para mejorar la comunicación con sus hijos y adecuar su tiempo de trabajo a la sana convivencia familiar.
La presencia física y afectiva de papá y mamá es fundamental para el rendimiento integral de los hijos. ¡Manos a la obra!
El sano equilibrio en el manejo de la vida produce frutos maravillosos, más aún, cuando estos están ligados al recto comportamiento de los hijos.
La teleadicción es una conducta compulsiva que induce al individuo a permanecer ‘pegado al televisor’.
La dependencia estimula su curiosidad, la novedad e identificación con aspectos de tipo social como la moda, música o tecnología, satisfaciendo ciertas necesidades humanas.
Se activan los sistemas de gratificación del cerebro que incitan sentirse bien y motivan para repetir dicho comportamiento.
El televisor ejerce un impacto en los procesos cognitivos y volitivos del niño, sustituyendo en gran medida lo que la familia nos ha forjado a través de valores.
Por eso, papá y mamá deben estar ¡alerta! para regular y direccionar sabiamente lo que ven los hijos, propiciando tertulias para opinar, cuestionar o fortalecer conductas o mensajes positivos.
Quéjese ante la comisión de televisión o el ministerio de comunicaciones al ver lesionada la franja familiar. La regulación de televisión está en sus manos.

En una sala de cine viendo una película romántica, en casa disfrutando del final de la telenovela favorita, ante la muerte de la mascota, ser testigo del maltrato de un niño, recibir un regalo emotivo o despedir a un ser querido. Éstas, junto a otras situaciones, son las que muchos hombres consideran motivo de llanto para una mujer.
En opinión de ellos, las mujeres tienen la habilidad y talento para derramar más de una lágrima cuando nadie lo espera. ¿Y quién dice algo?
Aunque para el género masculino a veces es incómodo lidiar con mujeres que lloran por todo, no lo ven como algo anormal, pues consideran que su naturaleza es esa. Ser sensibles y llorar por cuanta cosa se les atraviesa en el camino.
Diferente sucede con los hombres, quienes han recibido de la cultura un legado machista que no les permite exteriorizar sus sentimientos. Por esto, hacen hasta lo imposible para contener su dolor y ni siquiera dejar que el ojo se le ‘agüe’ pues, de sucederles, podrían convertirse en víctima de las burlas, por parte de quienes los rodean, con comentarios como “los hombres no lloran”, “miren a la nena llorando” o “parece una mujercita”.
Debido a esta situación es que muchos padres de familia educan a sus hijos con el concepto de que los varones no lloran. Les venden la idea de que el hombre debe ser fuerte, proveedor de seguridad y protección. Y llorar ¡jamás! ¿Es correcto hacer esto?
Si su niño se golpea fuertemente, pierde la lonchera en el colegio, sus compañeros de curso dejan de hablarle o si muere su mascota ¿Cómo espera que reaccione? ¿Que guarde sus sentimientos y se muestre fuerte como si nada hubiera pasado? o que deje fluir sus emociones y llore si así lo siente.
De acuerdo con profesionales y expertos en el tema, papá y mamá deben permitir que su hijo llore con el fin de reconocer las causas que le producen dolor o tristeza. Esto no lo hará más o menos hombre. Sin embargo, es importante detectar si la razón por la que lloran los menores vale la pena o es una estrategia para llamar la atención. El papel de los progenitores es acompañar y corregir si es necesario.
Llorar es de hombres
Muchos padres consideran que demostrar sufrimiento o afecto es contrario a la masculinidad. Por esta razón, prefieren pensar “mis hijos saben que yo los quiero” para no darles un abrazo, un beso o decirles cuánto los quieren.
Con este pensamiento, muchos hombres han deteriorado sus matrimonios porque consideran que el amor debe asumirse y no expresarse. Este tipo de situaciones pueden ser porque desde niños les impidieron expresar lo que sentían.
De acuerdo con la psicóloga Adriana García Serrano, debido a la cultura machista que caracteriza a la sociedad, los hombres sienten que no tienen derecho de deprimirse, de sentirse feos un día o de llorar, ni por alegría ni por tristeza.
En muchos casos, papá y mamá se sienten inconformes con sus hijos adolescentes porque no les comparten sus emociones o vivencias personales. La psicóloga se pregunta: ¿Como padre le permitió en la infancia exteriorizar su nivel emocional?, ¿Lloró y rió con su hijo cuando él se sintió triste y contento?, o por el contrario, ¿No le permitió llorar porque le inculcó que eso no era de hombres?
“Al niño debe permitírsele ser sensible y llorar. Esta clase de expresiones son positivas porque le permiten al padre de familia corregirles por qué vale la pena llorar y por qué no”, señala Adriana García, quien continúa diciendo que lo ideal es corregir esas emociones para que el niño no se vuelva un ‘llorón’ o adopte el llanto como un mecanismo para llamar la atención, manipular y ser el centro de atención.
El niño que llora por todo quiere mostrarse como la víctima de todo.
“Es bueno decirles a los menores, si es el caso, que la razón por la que están llorando no es válida, pero sin decirles que los hombres no lloran. Los padres deben reír y llorar cuando sientan la necesidad de hacerlo, pues cuando los hijos ven a sus padres llorar y reír, aprenden a reconocerles su esencia humana”, afirma la psicóloga.
Concluye la profesional, que cuando los padres se muestran perfectos y que no son vulnerables frente a nada, los niños crecen con la sensación de que no pueden equivocarse para no defraudar a sus progenitores. Crecer con este pensamiento no es positivo.
Pregunta y respuesta
Con el ánimo de aclarar las dudas más frecuentes que se generan frente al tema, la psicóloga Claudia Liliana Cely habla desde el diván de Familia.
¿Qué efectos negativos trae para el menor recibir de sus padres comentarios como ‘los niños no lloran’ o ‘parece una niña’?
Claudia Cely: “Así no le están permitiendo al niño demostrar sus emociones. Llorar es una manifestación natural del ser humano y no sólo del género de la persona.
Si un niño recibe rechazos por llorar, de esta manera le están enseñando a no exteriorizar el dolor y a resistir. Así, el problema radicará en que muchos de estos niños, quienes serán los adultos de mañana, tendrán grandes dificultades no sólo con las lágrimas, sino con la expresión de sentimientos y emociones.
El temor, la compasión y las manifestaciones de ternura, serán a veces un desafío para quienes viven empeñados en confundir el sentido de la fortaleza con la frialdad”.
¿En qué casos o situaciones debe pedírsele al niño que no llore? Teniendo en cuenta que algunos niños lloran por todo.
“Los niños que lloran por todo puede ser porque encontraron en las lágrimas y el llanto la mejor forma de obtener la atención de los adultos y poder manipularlos para que hagan lo que los menores quieren.
Hoy, como padres, queremos darles todo a nuestros hijos, pero no les estamos enseñando a esperar o ahorrar. Por esto, los retoños no resisten un ‘no’ como respuesta. Así es que cada día encontramos más adolescentes que ven el suicidio como salida a cualquier negativa o dificultad para obtener lo que quieren”.
¿Cómo manejar el llanto de los niños?
“Es importante diferenciar entre llanto, berrinche o pataleta.
Las personas que tienen hijos menores que lloran por todo, deben dialogar más con ellos, con el fin de evitar que los adultos respondan a los niños con golpes o insultos porque ya están desesperados de verlos llorar
También es importante tener en cuenta:
1. Evitar darles todo a los hijos. Es bueno que aprendan a manejar la frustración.
2. Permitirles que lloren cuando es necesario, es decir, ante un dolor físico u emocional e irles ayudando a manejar las emociones.
3. Es importante capacitarse más sobre pautas de crianza y, en casos muy complicados, pedir asesoría a un psicólogo que les permita manejar este tipo de situaciones sin entrar a comparar al menor con una niña”.
Llorar no es sinónimo de feminidad
Erika Paola Rueda
Psicóloga con énfasis en Deporte
Si un niño llora y su familia lo califica como una niña con el argumento de que los hombres no deben llorar, puede ocasionarle efectos negativos, como un manejo inadecuado de los sentimientos naturales, desvalore la figura femenina, asuma un rol machista o rechace la autoridad materna porque piensa que sólo el hombre puede ejercer autoridad.
Este es el pensamiento del especialista en educación y orientador familiar, Libardo Reyes Díaz, quien considera un error comparar el llanto de un niño con la feminidad, pues tanto los hombres como las mujeres tienen expresiones que pueden generar llanto.
“Los niños como las niñas, desde temprana edad, entienden que el acto de llorar es propio de hombres y de mujeres. El llanto es una expresión emocional humana”, afirma Libardo Reyes.
Este profesional agrega que la tarea de los padres de familia es identificar el sentimiento que el niño quiere expresar y pedirle que manifieste verbalmente lo que siente. De esta manera, grandes y chicos aprenderán a, conjuntamente, expresar sus emociones.
Si bien los niños no deben sentirse cohibidos de llorar por ser varones, papá y mamá no deben aceptar que lo haga como mecanismo de defensa para enfrentar dificultades y llamar la atención. De igual manera, algunos niños lloran cuando piden algo insistentemente y no se les da por algún inconveniente. También cuando se niegan a comer en los horarios habituales. Este tipo de situaciones deben manejarse en privado y, si es posible, de manera inmediata.