En la película ‘Tiempos modernos’, de Charles Chaplin, un trabajador de una cadena de montaje -en plena época del capitalismo incipiente- enloquecía tras pasar largas jornadas laborales junto a las primeras máquinas de la revolución industrial.

Aunque ha pasado mucho tiempo de esa obra de arte del cine en blanco y negro, la realidad es que el progreso y las máquinas nos rodean, aunque en estos momentos son las nuevas tecnologías las que nos acompañan y, en ocasiones, corremos el riesgo de estar atados y, hasta de ser esclavos, de los nuevos inventos del siglo XXI como son los ordenadores, smartphones o tablets, entre otros.

No obstante, no podemos olvidar que el ser humano ha evolucionado gracias a los avances de la mecanización, hasta el punto de que utilizamos distinta maquinaria en tareas cotidianas tales como cocinar, limpiar, calcular cantidades e, incluso, confeccionar nuestro propio vestuario. En definitiva, la mecanización nos ha facilitado la vida.

Es el caso de las máquinas de coser, que en muchos de los hogares de principios de siglo XX ocupaban un lugar destacado en las casas de todas las clases sociales. Este pequeño electrodoméstico debe su nombre al estadounidense Isaac Merry Singer, que modernizó sus puntadas y las popularizó a finales del siglo XIX.

Las mujeres, bien de clase alta o clase obrera, dedicaban parte de su vida en elaborar sus vestidos y realizar remiendos a las prendas de todos los miembros de la familia. Fue el comienzo de la moda como industria, cuando las señoras de la alta sociedad acudían a los talleres de costura a conocer las tendencias del momento en cuanto a vestuario y complementos.

Si en un principio funcionaban a pedales, en la actualidad las máquinas de coser son eléctricas, muy fáciles de utilizar y muchísimo más rápidas.

En plena época de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs), donde todo está totalmente mercantilizado y es fruto de una globalización tanto empresarial como productiva, hasta la moda parece que repite patrones a diestro y siniestro, por lo que al final el usuario de a pie se cansa de ver en numerosos portales de Internet los mismos trajes, las mismas telas y los patrones que se repiten sin ton ni son.

Precisamente por estar de nuevo en auge, las compañías fabricantes han evolucionado en el diseño y han reducido el tamaño y el peso de estas máquinas de coser, a la vez que han facilitado su utilización para que cualquiera pueda atreverse a diseñar y elaborar su propia ropa.

Es el caso de la gama Singer Tradition, que sigue siendo una marca líder en el sector de la costura tanto doméstica como industrial, con numerosos modelos a precios verdaderamente competitivos.

Nunca es tarde para coger una aguja y arriesgarnos a no dejar puntadas sin hilo, ya que disfrutaremos de esos ratos de ocio dando rienda suelta a nuestra imaginación, fomentando la creatividad y apostando por un pasatiempo saludable, poco costoso y auténtico.

Por todo ello, y por el auge de lo tradicional (que ahora llamamos vintage), la ropa vuelve a diseñarse y elaborarse en pequeño formato, apostando por lo artesanal, buscando la originalidad en un vestido hecho a medida, con telas de buena calidad, en contra del consumismo salvaje que parece dominar el mundo.

Aunque se ha convertido en una tarea casi heroica comprar un tejido y coser, con nuestras propias manos, para realizar una prenda, no deja de ser una tendencia para aquellos que valoran lo artesanal y también lo económico.

Además, volver a las labores de costura es una forma más de volver a lo genuino, de buscar un rato de relax sin tanta tecnología donde utilicemos nuestras manos para algo más que para pinchar links y contestar whatsapps.

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