La piel de los bebés se caracteriza por ser frágil y delicada. Es, además, extremadamente sensible, ya que al principio no cuenta con las barreras suficientes para hacer frente a los daños ocasionados por algunos agentes externos, como el frío y el calor. Por este motivo, durante los primeros meses, es fundamental utilizar productos naturales que cuiden de la piel de nuestro bebé. Asimismo, también es recomendable seguir algunos consejos como vestirlo con prendas de algodón o evitar la exposición directa al sol.

Los beneficios de la caléndula para el cuidado de la piel de los bebés

Gracias a sus propiedades curativas y protectoras, la caléndula está especialmente indicada para el cuidado de la piel de los bebés. De este modo, esta pequeña planta sobresale por su capacidad para limpiar, nutrir y calmar la piel. La caléndula posibilita, en este sentido, la transpiración de la epidermis, al tiempo que aporta las vitaminas y nutrientes necesarios para su bienestar. Por este motivo, algunas marcas como Weleda han optado por emplearla en sus productos orientados al cuidado de la piel infantil, con la comercialización de champú y gel de ducha de caléndula.

Además, la caléndula también es beneficiosa para el cuidado de áreas específicas del cuerpo del bebé como, por ejemplo, las manos y la cara. Es aconsejable, por lo tanto, aplicar una Crema Facial de Caléndula para hidratar y proteger estas zonas.

Pasos para cuidar la piel de un bebé

Desafortunadamente, los niños no vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo. No obstante, existen una serie de consejos para padres novatos que todo el mundo debería tener en cuenta. Así, con respecto al cuidado de la piel, será fundamental, entre otras cosas, controlar la temperatura del agua del baño. De esta forma, se evitará la aparición de irritaciones y la sequedad de la piel del bebé.

Aunque no es necesario bañar a diario a los más pequeños, el baño constituye una parte fundamental de una buena rutina de relajación. De este modo, si optamos por bañar a nuestro bebé todos los días, lo mejor será prestar mucha atención a los productos que utilicemos. Además, a la hora de secarlo, deberemos emplear toallas suaves, con las que realizaremos delicados movimientos sin frotar directamente la piel del bebé. Cuando lo sequemos tendremos que estar muy pendientes, asimismo, de evitar que se quede acumulada humedad en los pliegues de la piel.

En cuanto al pañal, muchos bebés sufren fuertes irritaciones causadas por su utilización. Debido a esto, muchas madres y padres han elegido pasarse a los pañales de tela que, pese a dar más trabajo, son mucho más cuidadosos con la piel de los más pequeños. Sin embargo, si preferimos usar los pañales convencionales, deberemos tener siempre presente que no podremos apretarlos en exceso y que, además, deberemos acertar con la talla, sin colocar pañales ni demasiado grandes ni demasiado pequeños.

Igualmente, es recomendable acostumbrarse a tocar al bebé con las manos bien limpias para evitar la aparición de reacciones cutáneas. El cuidado de la piel redundará en el bienestar y la salud de nuestro bebé y mejorará la comunicación corporal entre nosotros y él.

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