Nuestros pulmones, en pocas palabras, facilitan la respiración tanto de los seres humanos como de muchos animales. En ellos se lleva a cabo el intercambio de gases (oxígeno y dióxido de carbono) de la sangre, lo cual es vital para nuestra existencia. Es por eso que las enfermedades respiratorias ponen en riesgo nuestra vida si no les damos la atención adecuada. Entre las enfermedades respiratorias más comunes se encuentran: el asma, cáncer y edema pulmonares, entre otras. Sin embargo, en este post nos centraremos en la pulmonía y la neumonía.

Síntomas y Tratamiento de la Neumonía

Pulmonía

Con este término se solía identificar en el argot médico a las infecciones respiratorias que ahora se conocen como “Neumonía”, las cuales son causadas por distintos microorganismos, como bacterias, hongos, virus, etc. Con el tiempo, el término “Pulmonía” dejó de utilizarse, hasta el punto en que actualmente se considera erróneo su uso. Sin embargo, es común que aún lo utilicen las personas comunes que no están al cabo de conocer estas actualizaciones.

Neumonía

En pocas palabras, la neumonía es cuando los pulmones se inflaman debido a una infección en los alvéolos. Debemos tener presente que es una enfermedad grave y muy peligrosa; puede ser causada por hongos, bacterias, virus e incluso sustancias químicas.

Síntomas de la Neumonía

Sus principales síntomas son:

  • Dificultad para respirar. Cuando los pulmones se inflaman, esto provoca que se fugue líquido hacia el espacio alveolar, que es donde llega el aire; esto provoca una desesperante disminución de la capacidad para respirar del paciente.
  • Dolor en el pecho para respirar.
  • Tos.
  • Escalofríos.
  • Sudoración y fiebres recurrentes.

Para diagnosticar a un paciente con neumonía, el médico usualmente ordena una radiografía de tórax, además realiza un examen físico; una vez que ha establecido el diagnóstico, probablemente ordene más pruebas, esta vez de cultivo, para ver de qué tipo de gérmenes se trata y la severidad. Una vez que el médico haga todos los análisis pertinentes, se debe empezar con el tratamiento lo antes posible. En los casos más leves, solo hará falta seguir el tratamiento indicado por el médico al pie de la letra, puede ser desde el hogar; sin embargo, en casos graves, será necesario ingresar al paciente al hospital, ya sea por la gravedad de la neumonía, por la condición del paciente o incluso su situación social y económica.

Cualquier persona puede llegar a sufrir neumonía, y aunado a eso, existen muchos factores que aumentan el riesgo de que una persona sea más susceptible a las infecciones que otras. Por darles un ejemplo, en personas sanas, el tipo de neumonía más común es la producida por la bacteria neumococo (Streptococcus Pneumoniae). Por otro lado, en personas menos sanas, usualmente se presentan otras bacterias poco comunes.

Tratamiento para la Neumonía

El tipo de tratamiento está directamente ligado con la causa de la neumonía (bacteriana, viral, etc.) y la también su gravedad. La mayoría de los casos son leves, por lo que se pueden tratar desde el hogar; sin embargo, para los más graves y con alto riesgo de complicaciones, lo más seguro es la hospitalización, junto con lo siguiente:

  • Medicamentos. El médico recetará medicinas para combatir la causa de la infección. Si la neumonía es bacteriana, usarán antibióticos. Si la neumonía es causada por un virus como la gripa, usarán medicamentos antivíricos. Es de vital importancia que siga el tratamiento al pie de la letra, o de lo contrario los resultados podrían ser exactamente los contrarios a la cura.
  • Reposo. Guardar reposo y descansar ayudará a tu cuerpo a luchar contra la neumonía.
  • Líquidos. Toma mucho líquido.
  • Tratamientos complementarios. En casos fuertes, se podría llegar a necesitar oxígeno u otras cosas para la pronta recuperación, especialmente si se está hospitalizado.

¿Cómo Prevenir la Neumonía?

Como la neumonía es una enfermedad bastante grave y peligrosa, lo mejor que podemos hacer es prevenirla. Para ello te damos los siguientes consejos:

  • Estar al día con las vacunas. Específicamente las que son contra la influenza (gripe) se pueden colocar a partir de los 6 meses. Las vacunas contra la neumonía se recomiendan a las personas con alto riesgo de contraer la enfermedad, incluso a quienes ya la hayan padecido antes.
  • Lavarse las manos con frecuencia, en especial luego de saludar a alguien con un apretón de manos o antes y después de comer o cocinar. Trate de tocarse la cara lo menos posible.
  • No fumar. Esta mala práctica daña la capacidad que el pulmón tiene para filtrar y luchar contra los gérmenes, por lo que aumenta considerablemente el riesgo de contraer neumonía.
  • Fortalece tu sistema inmunológico. Haz actividades físicas con regularidad y descansa con frecuencia; también mantén una dieta saludable.
  • Usa mascarillas cuando estés limpiando o trabajando sobre todo en lugares con polvo o moho.
Diferencias Entre Pulmonía y Neumonía
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