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Domingo 22 de Septiembre de 2013 - 02:01 AM

La invitación “arbitraria” del Salón Nacional de Artistas

“La elección de los artistas invitados no se debería hacer a dedo. ¿Si para todo hay convocatorias, por qué para el Salón Nacional no?” Adriana Arenas.

Existe una carta escrita a través de la página web secure.avaaz.org por parte de Nadín Ospina, artista pop y pintor bogotano, que titula: “No a la muerte del Salón Nacional de Artistas Colombianos” y que lleva, hasta el momento, la firma de más de 1200 personas para ser entregada a la ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba. Entonces surgen las preguntas: ¿Se está muriendo el Salón Nacional? ya en su versión número 43, ¿no es dónde más vivo debería estar?

El pasado 6 de septiembre se le dio inicio a la edición número 43 del Salón Nacional de Artistas, en la ciudad de Medellín, que con 73 años de historia se convierte en el espacio más antiguo de las artes visuales en Colombia. Este año el salón lleva por título “Saber Desconocer” y como plus, los organizadores de la muestra, liderados por su directora ejecutiva, Juliana Restrepo, han adoptado la palabra “Inter” antes de Nacional, un cambio arriesgado que tiene como objetivo “adaptarse a la contemporaneidad”.
Son 40 artistas extranjeros de los 108 que hay en total. Entre ellos se destacan los argentinos Víctor Grippo y Jorge Macchi, el canadiense Fabienne Lassere y los brasileños Cildo Meireles y Ernesto Neto. Esta invitación de “superestrellas del mainstream” como indica Ospina, implica unos costos que solo son capaces de asumir instituciones como el Tate Modern de Londres, o el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Una exposición decente de ellos o de cualquiera de los 40 invitados internacionales tiene un costo impagable o por lo menos cuestionable frente a las carencias que afronta el medio artístico local”, expone Ospina.

Adriana Arenas es una artista conceptual  pereirana, que ganó uno de los premios principales con la video-instalación “La fábrica de Oro y Piedras Preciosas” en la edición 39 del Salón Nacional y una Mención de Honor en el Salón de 1998. Para Adriana, participar en este espacio era un acto de  reivindicación con su ciudad natal y con su gente. Convencida de ello, quiso llegar al Salón Nacional a través de la selección regional, el “Salón Regional de Artistas zona Centro Occidente” pero allí solo logró que le otorgaran una mención especial.

Sin embargo, Arenas, ya se había ganado el derecho a presentar su obra, que resultó ser tan impecable que ganó. El veredicto no la sorprendió, pero tampoco tenía claro lo que implicaba ser la ganadora. No sabía qué puertas se le abrirían con tal triunfo, ni tenía la certeza de si ese triunfo abría puertas en realidad.

¿Salón arbitrario?
Con su experiencia como artista invitada, en ediciones anteriores, y curadora, su posición está en total apoyo a la carta escrita por Nadín Ospina, y su firma ya hace parte de esas 1200. “Si la exhibición es buena o mala, bonita o fea, eso es independiente. El problema real de lo que pasa con el SNA está implícito en el mismo texto curatorial y el título de la exhibición “Saber Desconocer”, que exactamente es lo que hace el Salón: saber desconocer que hay procesos curatoriales en la regiones serios que hay que analizar, saber desconocer que hay investigaciones serias que el Ministerio paga y que están ahí para entender cuáles son los artistas nacionales que están produciendo obras, saber desconocer cuál es el objetivo de un Salón Nacional, y saber desconocer en qué realmente se va a gastar la plata del Estado, ¿para hacer una exhibición bonita o para promover el arte nacional en un contexto internacional?”, explica.

En este punto, Arenas reconoce la desarticulación que existe de los procesos artísticos que se hacen a nivel nacional, como los laboratorios de creación, salones regionales y becas de creación, donde el trabajo recolectado en estos espacios se queda en un “cajón”. Además enfatiza el inconformismo en que no se trata de un “berrinche” por parte de los artistas no invitados sino que hace una crítica para reflexionar ante ello.

Explica además, que en un evento donde se expone arte, quien realmente puede hacer que las obras circulen en otros espacios fuera del  nacional son los críticos, curadores, coleccionistas y los directores de museos, pero si ese es el objetivo, el invertir tanto dinero trayendo artistas internacionales, no serviría de nada.

Revisión de los procesos artísticos
“No reconocer el trabajo de las personas que están trabajando activamente, trabajos que ya se tienen hechos tanto en Bogotá como en las regiones, ese es el problema; la falta de conciencia. Si el Ministerio tiene procesos a los que invita personas y las exprime y después no los usa para eventos como estos, entonces ¿para que se hacen esos procesos?” explica Arenas.

Por su parte, Rosa Ángel, curadora del Museo de Arte de Pereira, quién además ya visitó el Salón, identifica este inconformismo como el resultado de un cambio de formato, pero que se desarrolla en un proceso normal. “Es coherente y lógico, que estos tipos de formatos de exposición vayan cambiando, ya que el mundo también va en constante cambio. La exposición del SNA me pareció una exposición de buena calidad, y pienso que el hecho de que tenga un “inter” antes del nacional, es más de forma que de fondo, ya que ha habido más invitados internacionales, por ejemplo, en el Salón del año pasado en Cali, que los que hay ahora en Medellín”.

Ángel piensa de igual forma, que la resistencia que se haga en torno a estos cambios son aceptados y necesarios que ocurran, pues obligan a revisar que las cosas vayan bien, y que se haga una observación de fondo ante todo el formato del evento. Así con su opinión se pone en acuerdo con Arenas cuando enfatiza que lo que no se ha logrado es el engranaje entre los procesos regionales con el nacional, y que estos necesitan mayor circulación.
Queda entonces como reflexión pensar que lo que se puede estar muriendo es el incentivo al artista colombiano, donde se deben abrir mayores espacios que permitan circular la obra, mayores posibilidades de beca y de desarrollo artístico. Seguramente si se logra hacer un trabajo más coordinado, como convergen las dos artistas, realizar procesos de profesionalización y de crítica, junto con procesos más lógicos de producción, el arte nacional sería más valorado (inter) nacionalmente.

Por ahora, el Salón Nacional de Artistas, edición 43, tiene abiertas sus puertas en Medellín hasta el 3 de noviembre, ofreciendo una oportunidad al espectador de atravesar y dejarse atravesar por propuestas e ideas, libre de sacar sus propias conclusiones y, que en el trasfondo pueda experimentar de forma directa lo que se conoce, sin importar fronteras, como arte contemporáneo.

Publicada por
Por: Clarybell Moncada Hurtado.
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