Miren para allá
Eduardo González Villegas
Eduardo González Villegas
16/08/2007

Una vez que a Megabús lo metieron hasta por donde no cabía, las autoridades comenzaron a pensar en cómo darle fluidez al tráfico. Lo malo es que se obsesionaron con los automóviles particulares, sin mirar hacia donde está el verdadero factor generador de atascos. Por eso ahora les digo, con todo respeto: señores de Tránsito, miren para allá; para donde están los taxistas y los choferes de bus. Ellos, si se lo propusieran, si fueran constructivos, si consiguieran entender su papel en la comunidad, harían por el tránsito de Pereira mucho más que cien decretos de esos que asquean porque terminan prohibiendo cada vez más y más.

Ejemplos sobran, y aquí van unos cuántos: ¿Por qué no negociar con los taxistas que dejen de dar y dar vueltas en el centro de la ciudad, y se parqueen organizada y cívicamente en cuantas zonas amarillas sea menester crearles? Que no lo duden: nosotros, los usuarios, iríamos hasta allá.

Ahora no lo hacemos porque no vemos la necesidad. Para qué caminar una o dos cuadras si ahí no más, a metros (¡a centímetros!) tenemos cinco, seis, diez taxis disponibles. En circulación, claro está.

¿Por qué no reunirse con los choferes de las empresas de busetas que cubren la ruta Pereira-Santa Rosa de Cabal para motivarlos a que respeten la señalización de la Avenida del Ferrocarril? Estos señores son los responsables de que esa vía se congestione y atasque más de lo esperado.

Ellos han establecido un paradero debajo del puente peatonal que lleva a la plaza Victoria, pese a que ahí está la señal que prohibe recoger pasajeros. Ellos, además, desconocen con actitud olímpica y desafiante, esas grandes letras “P” cruzadas por una equis, que significan –si es que esos “profesionales” no lo saben- que está prohibido detenerse. Lean bien: no es sólo prohibido estacionarse, sino detenerse. Y así debe ser,

si queremos que la estrecha Avenida del Ferrocarril no se nos cierre cada que a uno de esos choferes (porque no son conductores) le da la gana de

parar a subir un cliente.

Pero hay más. ¿Por qué no reunirse con los de las busetas amarillas y rojas que han establecido una terminal paralela en esa misma Avenida? Y es cierto. En la oreja de la carrera octava con la vía citada hay un terminal con despachadores y todo. Las busetas de ese color, más otras verdecitas y algunas anaranjadas, llegan por la avenida, giran hacia la octava y no tienen inconveniente alguno en dar reversa para estacionarse en la oreja nombrada. Esperan pasajeros. Y a su lado están los “despachadores” que no sólo buscan la clientela, sino que les dan la salida a los vehículos. Mientras tanto el tráfico que viene de la novena (recuerden que sólo por ahí podemos tomar hacia el Viaducto, pues la séptima la suprimieron) queda trancado porque uno de los dos carriles está ocupado por la nueva central de despachos. ¿Y las autoridades?

Bien, gracias; aunque fantasmas, desaparecidas. A lo mejor tras esta columna manden dos o tres guardas por raticos, pero pueden estar tranquilos los buseteros, porque una semana después todo volverá “a la normalidad”. A la de ellos, claro está.

Si el transporte público de pasajeros llega a convencerse de que tiene que ser parte de la solución, les aseguro que la movilidad en Pereira gana muchísimo. Ustedes pueden conseguirlo, señores de Tránsito. O con argumentos o con la ley. Lo que no queda claro es si quieren meterse con los dueños de taxis y buses; con las empresas que los agrupan; con los choferes que los manejan. O si prefieren seguir mirando para otro lado, en vez de mirar para allá.

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