Nos referimos a cómo la legalización del consumo y autocultivo de cannabis puede suponer un duro golpe para el narcotráfico y tener consecuencias muy beneficiosas para nuestra sociedad.

El autocultivo: un modo de consumir sin depender de mafias

Aunque esté muy por debajo del alcohol y el tabaco, el consumo de cannabis está extendido en todas las sociedades actuales y, desde luego, hacerlo desaparecer es una auténtica quimera.

De hecho, en cualquier ciudad, por pequeña que sea, es posible encontrar un grow shop en el que adquirir, de forma totalmente legal, semillas, macetas, abonos y, en general, todo lo que necesitamos para poder cultivar cannabis en casa y ello no se considera delito siempre que no se excedan los límites que puedan evidenciar que ese cultivo tiene como fin el narcotráfico.

A este respecto, conviene apuntar que cultivar en casa es equivalente a dejar de salir a la calle a buscar esa sustancia que, indudablemente, será consumida por ciertas personas independientemente de que su uso esté legalizado o no, por lo que puede decirse que cultivar en casa es dejar de contribuir a que las mafias de la droga sigan haciendo negocios ilícitos e incluso, ejerciendo la violencia en nuestros pueblos y ciudades.

La legalización: una realidad al orden del día en muchos países

Comenzando por Holanda y siguiendo incluso por algunos estados de los Estados Unidos, la legalización del consumo de cannabis está a la orden del día en cada vez más países del mundo, en los que basta con ir a un establecimiento especializado para poder hacernos con esas dosis que podremos consumir allí mismo o en nuestros domicilios, dado que lo más frecuente es que el consumo en la calle no esté permitido.

Esta circunstancia, junto a la producción doméstica en armarios de cultivo baratos, ha hecho no únicamente desaparecer la estigmatización que sufrían los consumidores de cannabis antes de que su consumo estuviera debidamente legalizado y reglamentado, sino también que muchas de las mafias que antaño se dedicaban a su distribución hayan visto el fin de sus negocios y que, por ende, las sociedades en las que se dá, sean un poco más seguras.

Además, es de destacar que la legalización no ha supuesto un incremento del consumo de cannabis, pues al ser perfectamente accesible ha dejado de ser atractiva, lo que supone un beneficio por partida doble de la legalización.

Por otra parte, hay que decir que la legalización del cannabis suele ir acompañada por un aumento de la información de las consecuencias que su uso puede tener y que esa información llega incluso a los institutos de educación secundaria, algo que supone que los adolescentes puedan valorar con toda la información en su mano si les merece o no la pena dar el paso y comenzar a consumirlo.

Es decir, la legalización del cannabis trae consigo unas consecuencias de índole social que no podemos dejar de tener en cuenta a la hora de formarnos una opinión al respecto, más aún cuando ello podría suponer acabar con parte del negocio de las mafias y que eso no se vincule con un aumento considerable del consumo.

La marihuana medicinal: cada vez más común pese a las trabas legales

No en vano, más allá del uso que podríamos denominar recreativo, el cannabis tiene una serie de efectos que resultan beneficiosos para quienes padecen ciertas enfermedades, como la esclerosis múltiple o el cáncer, por poner sólo dos ejemplos.

Es verdad que en estos casos hay cierta permisividad en su uso, pero no lo es menos que en España hay un limbo legal que provoca que no todos los pacientes que podrían beneficiarse del cannabis lleguen a hacerlo, o incluso, que tengan que recurrir al autocultivo o, una vez más, a las mafias para poder proveerse de él, 

Entonces, no podemos más que concluir este artículo afirmando que quizá haya llegado el momento de terminar con la prohibición para acabar con todos estos problemas y adaptarnos a una realidad, cada vez más común en el mundo.

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