
A través de los años, la evolución de la sociedad ha permitido que el rol que cumple la mujer cambie, siendo capaz de ejercer labores que antes eran consideradas solo de hombres porque requerían un mayor esfuerzo físico.
En Risaralda al igual que en todo el país hay mujeres que se destacan por trabajos que requieren fuerza y con los que no solo sacan a sus familias adelante sino que también construyen una mejor sociedad.
Autoridad en la calle y comprensión en la casa
La general Mireya Cordón, una mujer bogotana es la encargada de comandar la Región 3 de Policía, haciendo que el rol de las mujeres se destaque nuevamente en la policía del Eje Cafetero.
Madre de 2 hijos, casada y administradora de empresas es consciente de la fuerza que tienen las mujeres y de cuanto pueden aportarle a la sociedad siendo educadoras de sus hijos y autoridades en las calles.
Cordon decidió ser policía para seguir los pasos de su padre y sus hermanos.
Esta temperamental mujer cumplirá 30 años en la institución en mayo y está segura de que las competencias entre hombres y mujeres no se miden por la fuerza sino por la capacidad intelectual.
Al llegar al grado de General, Cordon siente que por ser la segunda mujer que llega a este grado, es un ejemplo para el género y por esta razón tiene una mayor responsabilidad.
Bendita entre los hombres
Luz Edith Cardona de 45 años de edad, lleva 22 años lavando carros en un Lavautos ubicado en la carrera 9 con calle 41. Allí es conocida como La Mona y cumple funciones similares a las que hacen sus otros siete compañeros hombres.
Polichar, secar y entregar brillantes los autos es el trabajo que debe realizar Cardona entre 6:00 de la mañana y 6:00 de la tarde, para sostener a sus 3 hijos.
En total son 20 minutos los que tarda La Mona, con cada vehículo, si son taxis la lavada cuesta 4 mil pesos, los particulares 6 mil y los camperos 8 mil pesos, de allí sale el arriendo que los empleados que trabajan en el lavautos le dan al propietario del local y lo demás es repartido entre los empleados, por lo que Luz Edith se lleva entre 25 mil y 40 mil pesos diarios.
“El trabajo acá es duro, hay muchos carros al día, el trabajo solo disminuye en época de invierno, pero es mucho mejor que otro oficio. Mi sueño es montar mi propia peluquería, pero no he podido” dijo Luz Edith.
La pistera de sueños
Con una amplia sonrisa Patricia Gallego de 28 años de edad, atiende como pistera en una estación de gasolina, de la avenida de las Américas, en donde lleva 1 año y medio.
Este trabajo ha sido para ella, la oportunidad de hacer una labor en la que se siente a gusto, pues al comparar sus trabajos anteriores en almacenes, asegura está mejor remunerada.
“Mi sueño es ser odontóloga y aunque trabajando aquí, estoy lejos de cumplirlo y no tiene relación soy feliz, porque tal vez en un futuro pueda hacerlo”
Entre las ventajas que ve de trabajar alrededor de hombres, es que recibe mayores propinas y por su género no debe hacer turnos de trasnocho, por lo que solo trabaja entre 6:00 a.m. a 10:00 p.m. según el turno.
Caminando por amor
Diariamente alrededor de 10 madres de familia, caminan entre 5 y 3 kilómetros, por la vía Pereira- Armenia, para llevar a sus hijos al colegio de La Huerta, sin importar el inclemente sol y en otras oportunidades la lluvia.
En total caminan más de media hora.
A las 6:30 de la mañana de sus casas para llegar a tiempo a clases y al medio día después de las 12:30 emprenden de nuevo el viaje, para asegurarse de que sus hijos lleguen seguros a casa. Diariamente este esfuerzo es realizado por Alba Díaz, una joven madre que lleva 3 años haciendo el recorrido para que su hija de 6 años pueda estudiar.
Orgullo al demostrar su fuerza
Juliana Sánchez de 22 años de edad, se siente orgullosa de la labor que realiza a diario en un montallantas ubicado en el sector de Caracol -La Curva, de la vía Pereira- Armenia.
Desde los 13 años de edad ‘July’ como es conocida, aprendió a desmontar llantas y a vulcanizarlas, ya que su padre se desempeñaba en este trabajo.
“Cuando un camión parquea yo salgo con el gato y la llave, antes de que el conductor diga algo, porque ya se que va a decir ¿y es que usted me va a desmontar la llanta?. Ellos creen que yo no soy capaz y se sientan a verme como un espectáculo, luego cuando ya voy a terminar, ahí si ayudan a apretar las tuercas” dice Juliana.
Esta joven madre de 2 hijas nunca ha necesitado ayuda para cargar las pesadas llantas de automóviles y camiones, pues según ella la fuerza ha ido creciendo con el pasar del tiempo. Trabajando de 6:00 de la mañana a 8:00 de la noche, Juliana cobra entre 4 mil y 6 mil pesos por desmontar una llanta a un automóvil y 10 mil pesos a un camión, con lo que logra devengar el sustento de su familia.
El sueño de Sánchez es llegar a tener empleados y administrar su propio almacén de repuestos y montallantas.
