Lunes 22 de Diciembre de 2014
Juan Fernando González G.
Miércoles 09 de Enero de 2013 - 12:01 AM

Biblioteca.com

Muchos educadores regañan a sus alumnos porque se niegan a visitar la biblioteca pública y prefieren la sabiduría de “San Google”.
Cometen un grave error. Las bibliotecas son especímenes en vía de extinción. Las que sobrevivan se convertirán en museos donde las futuras generaciones conocerán cómo sus ancestros almacenaban el conocimiento en árboles. Y hasta reprocharán a sus abuelos por negarse a detener la destrucción masiva de bosques cuando la teconología les ofreció un poderoso sustituto para guardar y multiplicar las ideas.

La desaparición inmediata de los libros físicos tardará un poco, por razones culturales y técnicas. Pero llegará ese día. No importa que los auto-proclamados “románticos”, quienes alguna vez defendieron la supremacía de la hoy archivada máquina de escribir sobre el computador, afirmen que nada reemplaza el placer de babear un dedo y pasar cada página hasta llegar al letrerito “fin”.

En lo cultural, por supuesto, un amplio sector de la sociedad se aferra todavía al papel. Tiene sus ventajas. Una hermosa encuadernación genera la sensación de que lo leído no se perderá “en el aire”. ¡¡¡Ahhhh!!!! ¡¡¡El olor!!!. Hay algo estimulante en el aroma que fluye de la mezcla entre la pulpa y la tinta, capaz de transportarnos hacia los mundos fantásticos descritos por los grandes autores. De momento, una pantalla no produce ese efecto casi erótico, por más “touch” e interactiva que sea.

La estantería a punto de reventar con los libros que “devoramos” a lo largo de la vida, es testimonio visible de que nos preocupamos por cultivar la mente y el alma (por supuesto, algunos adquieren colecciones de obras maestras y enciclopedias con propósitos decorativos, pero esos personajes no son objeto del presente análisis).

En el aspecto técnico, apenas en los últimos cinco años se han logrado avances en el almacenamiento de información digital en cantidades antes inimaginables. Cuando los computadores empezaron a convertirse en productos de la canasta familiar, las memorias consistían en frágiles discos en los cuales resultaba difícil grabar una  novela completa. Hoy día, toda la sabiduría humana cabe en el bolsillo, gracias a los servidores en la nube, como dropbox, skydrive, google docs, por citar los más conocidos.

A corto plazo, la pasión del coito intelectual entre humano y libro tendrá que doblegarse ante otros criterios y necesidades. El primero y más importante, la preservación de la especie. En la medida en que sustituimos los libros físicos por los llamados e-books, salvamos árboles. Cada árbol suma para rescatar un bosque. Cada bosque contribuye a la estabilidad del ecosistema y a la continuidad del hombre sobre la faz de la tierra.

El segundo y más práctico: el poder sobrehumano de conservar y administrar todas las publicaciones en cualquier dispositivo con acceso a la web. Las posibilidades son tan amplias que ya no es necesario comprar mapas al visitar una ciudad por primera vez, ni pedir indicaciones a cualquier extraño que podría ser delincuente. Para eso está google maps. Toda la información socio-política y cultural de los países permance a un clic de distancia, sin consultar previamente una pesada y estorbosa enciclopedia. En un teléfono celular cabe el universo conocido.

Y qué decir del aspecto económico. Es más barato un libro digital. Se compra oprimiendo “enter”, sin costos de embalaje y transporte.
La prensa ha empezado también a migrar hacia el universo digital. No es fácil. Muchos lectores prefieren mancharse de tinta. De hecho, algún diario famoso que hizo de lado el papel se vio forzado a reversar su decisión. No obstante, con el paso de tiempo los usuarios se familiarizarán con la idea de tener a mano todas las noticias del mundo, en cualquier idioma. Algo similar ocurre con la radio.

Grandes cadenas como Caracol y RCN llegan a través de la web, ingresando a zonas de difícil acceso para las ondas sonoras. La recién nacida Blue ha logrado cobertura en regiones donde todavía no se recibe su señal.

Es inútil luchar contra el cambio. Los maestros lograrían mejores resultados si, en lugar de reprochar la “pereza” de visitar una biblioteca, con la pérdida de tiempo y gastos en transporte que ello implica, estimularan en sus estudiantes la investigación a conciencia a través de internet, enseñándoles a identificar las fuentes de información serias y a desechar las sospechosas o de confiabilidad dudosa. Gústeles o no, las bibliotecas de hoy darán paso a biblioteca.com.

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