Sábado 20 de Diciembre de 2014
Carlos A. López Ángel
Viernes 08 de Marzo de 2013 - 02:01 AM

Una amenaza para Pereira

Pereira es una ciudad afortunada.  El  río Otún  ha sido una fuente confiable  para el acueducto  y ha superado con éxito  veranos  y  sequías. La única falla que conozco fue  en junio de 1987.  Sucedió  porque,  en medio del  invierno, el canal de San José colapsó  y provocó un derrumbe  que destruyó  la red de conducción. Fueron 10 días sin agua.

Sin embargo, hay  noticias  preocupantes.  El Ideam publicó  el  libro  “Glaciares de Colombia: más que montañas con hielo”. Allí revela transformaciones  en la  biosfera que dan miedo.  Afirma  que  hace 160 años  en Colombia había 17 glaciares  con una superficie total  de 374 kilómetros cuadrados y ahora  solo quedan  seis, con 45.3 km2.

Entre las masas de hielo   que sobreviven está el volcán nevado de Santa Isabel, que  conserva 1.8  kilómetros cuadrados  de los 28  que  tenía en 1850.   Fue el que más retrocedió y cada año reduce su tamaño  entre el 3% y el 5%.    Se estima que de continuar la tendencia, en el 2043  desaparecerá  como todos los demás.

El problema  para Pereira es que el nevado de  Santa Isabel,  con sus deshielos, alimenta la laguna del Otún, en donde nace nuestro río. Después, aguas abajo, el  Otún  recoge  las escorrentías de su cuenca media y alta.  Son  31.000 hectáreas ocupadas  por páramo, bosques, áreas reforestadas y predios agropecuarios.

Entonces, frente a  este fenómeno, hay  preguntas inquietantes. ¿Cómo afectará el fin del glaciar a la Laguna?  ¿Cuál será el impacto del deshielo total y del incremento  de temperatura sobre el páramo circundante? ¿En cuánto rebajará  el caudal del río Otún? ¿La cuenca protegida -sin los aportes  del nevado y con el páramo  bajo presión -  responderá a  la demanda  hídrica creciente? ¿Habrá que  cambiar  la agricultura  de la zona  por cobertura vegetal protectora?

La amenaza  es  evidente  y la  enfrentará en vida la juventud actual.  Por eso, tiene que ser una prioridad de política pública, plasmada en un plan para  30 años. Una acción colectiva para garantizar  el  agua   y  la sustentabilidad  del área metropolitana.

El cambio climático que inunda valles, desliza  montañas y aviva incendios, también derrite las nieves que antes eran “perpetuas”. Ante  sus embates solo queda la adaptación  con sus inmensos costos  y  la urgencia  de un nuevo ordenamiento territorial. La incertidumbre ante los efectos de  una  atmósfera dañada  es la  nueva realidad.

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