Hugo Rafael Chávez Frías fue un hombre que batalló siempre, hasta ser vencido por la victoria inexorable de la muerte. Controvertido y controversial creyó, desde su óptica, que a través del socialismo del siglo XXI, podría reivindicar las luchas de su pueblo, siendo el portavoz de una herejía. Tuvo el poder de expandir su ideología fuera de las fronteras de su patria, inspirado en el sueño Bolivariano de la integración latinoamericana, idea desafiante y peligrosa. Su discurso y sus acciones estuvieron en contravía del establecimiento, dueño del destino miserable de los latinos. Simpático, atrevido, trovero y cantor, Chávez hará falta como disidente, crítico y mordaz.
Alcanzó a dominar el corazón de la mitad de su pueblo, que lo llora. Mientras que la otra mitad celebra su deceso. Sus enemigos, muchos, quienes fueron incapaces de derrotarlo en las urnas, tienen la oportunidad de vencer su recuerdo, pues por lo general los caudillos van a la tumba arrastrando su poder. No sabemos aun si sus quintacolumnas, representarán la continuidad del régimen, que a pesar de buenas intenciones, resquebrajó el sistema democrático.
Las monarquías constitucionales no son buenas. El poder absoluto es maligno. Venezuela no diversificó su economía pues se centro básicamente en el petróleo, presenta tasas de homicidios alarmantes, y una polarización política riesgosa. Además, la prensa ha sufrido embates que radicalizan su posición de defensa y supervivencia. El beneficio social para los más débiles, hirió sensiblemente a quienes vieron fraccionado su poder. La disputa feroz entre los extremos, siempre deja una estela de dolor.
Chávez acumuló la tensión que produce el ejercicio del poder, en países ingobernables. La rigidez y la obsesión, minan la fortaleza de personas que aferradas al poder, se envejecen y se enferman. La carga descomunal de múltiples presiones, anidan los bichos que hacen metástasis. Los odios detonan el aceleramiento de las flaquezas humanas, la paranoia atranca la fluidez. Los mesiánicos, convencidos de ser los únicos redentores, terminan crucificados en el abandono de sí mismos.
La muerte de Chávez es el final de una lección, para aprender que el poder es pasajero, que tal vez no sea necesario confrontar hasta morir, que a tiempo se debe salir del espacio de combate. Todo es posible si se conserva la vida, Chávez jugó con la propia y perdió. Pudo ser un héroe y ahora es un cuerpo inmóvil, sujeto a las honras fúnebres, aromatizadas con incienso. La turba acompañará con alma sincera, el camino hacia su última morada. Rezos, cánticos y lágrimas despedirán al líder, que podía influir en las decisiones de La Habana. El incienso no eliminará el olor fuerte del azufre y sus tridentes.



