Martes 23 de Diciembre de 2014
Iván Tabares Marín
Jueves 04 de Abril de 2013 - 02:01 AM

Ateos y agnósticos

En plena campaña electoral para la presidencia de la República, un periodista le preguntó al candidato de Polo Democrático Alternativo, el Dr. Carlos Gaviria, si creía en Dios.  “Soy agnóstico”, respondió.  Como el reportero parecía no entender el concepto, el muy ilustre ex magistrado de la Corte Constitucional pasó a explicar que ser agnóstico significaba suspender toda opinión sobre Dios, pues no es posible para el ser humano tener un conocimiento (gnosis) sobre Él. La respuesta era muy oportuna no solo porque la izquierda tradicional se había declarado atea desde Marx y Engels en el siglo XIX y porque declararse ateo significaba en un país mojigato perder muchísimos votos.  Además, esa respuesta coincidía con las religiones orientales que no tienen teología, por la misma razón dada por los agnósticos.  Hasta la misma Biblia enfatiza este aspecto cuando Dios se define ante Moisés: “Soy el que Soy”, traducción de la palabra “Yahvé”.  Dios es el innombrable. Según los agnósticos, no podemos afirmar o negar la existencia de Dios.

Pero en materia religiosa también existe una tercera vía que podemos llamar Deísmo.  Se trata de una corriente de pensamiento que acepta la existencia de Dios como soporte de la Ética y la convivencia de los seres humanos, pero rechaza la Teología, los rituales y las jerarquías clericales.  En otras palabras, es reducir la religión a su mínima expresión, en forma tal que todas las culturas la acepten para acabar así con los conflictos surgidos con motivo del monoteísmo.  Judíos, cristianos y musulmanes llevamos veinte siglos de peleas continuas porque cada religión cree que su esquema es el verdadero.  Si Occidente hubiese entendido y aceptado la propuesta de la tercera vía presentada por Erasmo de Róterdam y otros en el siglo XVI, nos habríamos evitado las guerras religiosas, la masacre de los judíos en los campos de concentración nazis, el conflicto árabe-israelí, el ataque a las Torres Gemelas y al padre Chucho.

En cuanto a los ateos, todos fuimos sorprendidos hace unas pocas semanas cuando una encuesta nos mostró que, después de los cristianos (incluidos católicos, evangélicos o protestantes y ortodoxos) y musulmanes, el grupo más numeroso en cuanto a su posición frente a Dios era el de los ateos en todo el mundo.  Lo que la estadística no cuenta es el cambio de actitud de muchos ateos en los últimos años.  En el pasado, los ateos eran pasivos y simplemente renunciaban a la religión y no les importaba que otros siguiesen participando en la semana santa católica o en los rituales musulmanes o judíos.  Ahora, la cosa es distinta: han aparecido los ateos militantes y agresivos que toman como una cruzada (y valga la expresión) su lucha contra toda forma de religión. “Dios no es Bueno”, dice Christopher Hitchens, fallecido hace un año; del Espejismo de Dios habla Richard Dawkins y suscribe una opinión del Steven Weinberg, premio Nobel: “La  religión es un insulto a la dignidad humana”.  Matthew Alper asegura que “Dios está en el cerebro” y sostiene que a más religión, más pobreza y subdesarrollo.

Ante un ataque tan contundente los creyentes no se quedan quietos y reaccionan con la vocería erudita de una ex monja, Karen Armstrong.  Su libro publicado en 2009 se titula En defensa de Dios, pero más que defender la religión se dedica a presentar el misticismo como la forma más auténtica del encuentro con Dios y, para ello, se pasea con una claridad pasmosa por toda la historia de Occidente, sus distintas filosofías y sus variantes míticas, ya judías, islámicas o cristianas.  Asegura que los ateos son fundamentalistas, no saben nada de teología y ocultan el hecho de que sin Dios el mundo es decadente.

Sin votos aún
Compartir en facebookCompartir en twitter
Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios

Todos los derechos reservados Comunicadores del Risaralda S.A. - 2014 - Pereira - Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.