Sábado 20 de Diciembre de 2014
Juan Fernando González G.
Miércoles 17 de Abril de 2013 - 02:01 AM

Un corto vuelo hacia la prostitución

Al caminar las anteceden sus prótesis. Grandes, voluptuosas, a punto de reventar. Los glúteos les rebotan como pelotas de caucho. A cada paso se les nota el esfuerzo por no caer desde sus altas plataformas. Sonríen, a solas, en un eterno chateo que las aísla de la multitud curiosa. Cuando de repente alejan la vista del celular, lo hacen para dialogar tan solo con sus similares. Se lucen, como en pasarela, mientras esperan el vuelo a Panamá.

La peregrinación de mujeres remodeladas en clínicas estéticas de garaje, pero cuyas actitudes delatan su verdadera profesión, es notoria en horas de la madrugada en el Aeropuerto Matecaña. Su destino, la prostitución, está a poco
más de una hora de vuelo. Ejercen durante el fin de semana y regresan a tiempo para seguir desempeñando cargos que les permiten disfrazar el origen de sus principales ingresos.

Movilizarse desde el eje cafetero hasta Ciudad de Panamá es tan fácil como ir a Cartagena. Alguien puede dormir en Pereira, madrugar a desayunar en Centroamérica, almorzar en el Puerto de Colón y retornar a tiempo para brindar
con whisky en la capital risaraldense, mientras observa el nuevo amanecer. ¡Es tan sencillo! ¡Y el viaje al exterior queda oculto a los ojos de los vecinos! Gran comodidad para los hombres de negocios; perturbador beneficio para quienes se
aprovechan del progreso en perjuicio de la dignidad humana.

El comercio sexual entre los dos países se alimenta de la problemática social que hunde cada vez más a varios departamentos cuya prosperidad cafetera se vino a pique. Lo nutren, además, el desempleo, el retorno de emigrantes que
buscaron la prosperidad en Europa y tropezaron con la pobreza, y una deficiente administración que ha dejado deprimir la economía de esta ciudad.
Elías Pino, consagrado en cuerpo y alma a una lucha silenciosa y poco agradecida por rescatar a las víctimas de la prostitución y la drogadicción, comenta que el engaño del que se valían los traficantes internacionales para “enganchar” a sus
“esclavas” es poco frecuente en la actualidad. Casi todas saben a lo que van. Losproblemas para ellas empiezan cuando les cambian las condiciones “laborales”, tal como advirtió en el programa “Séptimo Día”, de Caracol Televisión.

Las viajeras de fin de semana que prestan servicios sexuales en Panamá suelen pertenecer a un “estrato” más elevado. En su condición de pre-pagos se dan el lujo de volar el jueves y regresar a tiempo para reanudar su rutina laboral.
Este problema es creciente. Lo confirma cualquiera que esté dispuesto a darse una pasadita por el terminal aéreo después de las tres de la madrugada.
Pereira se está convirtiendo en exportadora de mujeres, sin que se evidencie un esfuerzo claro de las autoridades para neutralizar la problemática social de la cual se nutre este mercadeo humano. Al mismo tiempo, la mala reputación en el exterior crece, crece y crece.

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