Jueves 18 de Diciembre de 2014
Juan Manuel Buitrago
Martes 20 de Agosto de 2013 - 02:01 AM

Herejías

1)  Pueden discutirse, o lo que es más pertinente, pueden presentarse ante auditorios desinformados unos temas que por su complejidad deben tratarse en el recinto de las academias ? Los italianos Gini y Pareto que no eran marxistas trataron de usar las herramientas objetivas de la estadística (la media y la desviación, las curvas de frecuencia o de distribución …) para construir modelos que permitieran identificar la estabilidad o la inestabilidad política de una sociedad. A diferencia de Marx ellos no usaron la categoría “clase social” con el rigor que pretendió imponer el materialismo histórico y al definir unos conjuntos cuyos elementos solamente debían cumplir el requisito de tener ingresos dentro de cierto rango desnaturalizaron el concepto marxista. Claro está que los comunistas tampoco habían usado con rigor ese concepto como tampoco usaron con rigor el concepto de plusvalía y les hicieron creer a los inconformes del mundo que era fácil, casi automático, usarlos para identificar a los culpables de la inequidad y lo difícil era usar luego la fuerza para eliminar a esos culpables. Si ustedes no están entendiendo este artículo, no se preocupen, eso solamente demuestra que tengo razón al cuestionar la idea de hacer estas discusiones frente a personas que no están preparadas para entenderlas.

2 ) Una vez conformado por las élites un grupo de teóricos a sueldo empiezan a multiplicarse las conferencias de divulgación para evangelizar a los asalariados. Pero la realidad no se deja enmascarar y en las gráficas que ilustran las conferencias de los propagandistas aparece el datico incómodo que es imposible ocultar. Es el caso de los cuadros que muestran la distribución del ingreso colombiano en los últimos ochenta años. Con crisis o sin crisis internacional, con gobiernos milagrosos o con gobiernos estúpidos, la élite permanece inmutable en el dos por ciento. Las clases medias pueden compartir con las pobres la tajada que les corresponde acomodándose de mil maneras, pero la élite permanece inmutable. Ante esa élite que ni se reduce ni se aumenta resulta difícil creerle al doctor De la Calle que existe una historia de Colombia diferente antes y después de 1991. Puede haber apariencias de cambio pero el sustrato económico que determina el funcionamiento real de las instituciones no ha cambiado.

3) No creo, sin embargo, que la intención al hablar de la irrupción de las clases medias sea justificar las conversaciones de paz en Colombia que son una circunstancia particular que no trasnocha a los capitalistas del mundo. Lo que se esconde en esta nueva evangelización es el tema de las crisis periódicas del sistema y su consecuencia desagradable al tener que usar como amortiguador o fusible a una gran masa de asalariados que pierden su empleo para que los rentistas conserven sus utilidades intactas. Los parlamentarios marxistas alegaban desde sus curules minoritarias que los capitalistas debían financiar los seguros de desempleo por la sencilla razón de que tenían con qué hacerlo. La incipiente teoría de la vulnerabilidad predica que como las clases medias son tan numerosas cualquier aporte que haga un medio-clasista multiplicado por miles de millones de medio-clasistas da un jurgo de plata y son ellos los que tienen ahora con qué pagar. Además, están motivados a hacerlo porque se sienten vulnerables. La élite que jamás ha sido o será vulnerable no se siente obligada a actuar por esa amenaza.
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Posdata: Maleducado o vanidoso el presidente Santos al no referirse en su alocución final ni al esfuerzo exitoso de los que adecuaron la sede para realizar el evento ni al cumpleaños de la ciudad que con tanto cariño lo recibía ni a los ganadores de los premios de la Andi, ‘ninguniados’ a la bogotana en su discurso. En cuanto a la desinformación engañosa sobre la verdadera causa del aplauso entusiasmado al general Mora, mejor doblemos esa doliente hoja sin comentarios.

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Juan Manuel Buitrago
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