Lunes 22 de Diciembre de 2014
Padre Pacho
Domingo 22 de Septiembre de 2013 - 02:01 AM

El suicido

La muerte siempre será un misterio pero el suicidio lo es mucho más, porque siempre surgirá  la pregunta, ¿Es un acto de cobardía? ¿Un determinante supremo de libertad? ¿Una honorable salida a los problemas de esta vida? ¿Un derecho inalienable? ¿Un acto de conciencia y libertad de quien se siente dueño supremo de tomar una decisión, la más significativa de su vida?

 En muchos grupos humanos el suicidio fue considerado como un acto honorable y respetable. Empédocles lo hizo saltando al cráter del Etna en erupción; quienes perdían la batalla se dejaban caer sobre su propia espada; el samurái se hacia el haraquiri abriéndose la cavidad abdominal; los jugadores de fortuna, terminaron sus vidas con la ruleta rusa.

Hoy nos vemos enfrentados a una realidad que se convierte para nosotros en un reto; treinta siete suicidios en lo que llevamos del año. Un desafío que tiene una reflexión profunda al interior de todas las instituciones que velamos por una mejor calidad de vida de nuestros ciudadanos. Alguien se preguntaba ¿Por qué Pereira tiene un porcentaje tan alto de suicidios entre las ciudades capitales de Colombia?

La edad más frecuente la encontramos entre los 15 y los 35 años. Muchas de las causas son problemas de personalidad, tensiones socio culturales, problemas económicos, trastornos depresivos y siquiátricos. Existen en nuestro entorno muchas angustias no resueltas que llevan a crear un estrés desenfrenado que puede desencadenar en la cuota inicial para un intento de suicidio.

Algunos profesionales en siquiátrica han realizado algunos estudios en la región y hablan de unas características en lo que tiene que ver con la genética de la población, donde en sus raíces ancestrales aparecen unos genes en los cuales hay mayor prevalencia de una enfermedad que se llama el trastorno afectivo bipolar, que tiene unas características muy particulares, como son las depresiones, las esquizofrenias en cualquiera de sus formas clínicas  y los altibajos en los estados de ánimo.

Existen también una serie de condicionantes de tipo social, donde no es ajeno que una zona que en un momento fue muy prospera por la bonanza cafetera, en los últimos años ha sido muy afectada, en su situación económica,  este es un factor que incide de una forma determinante en estos porcentajes.

Pero un elemento que también es imprescindible es la escala de valores que se han ido deteriorando dentro del núcleo familiar. Pereira, tiene un alto grado de maltrato intrafamiliar. Vacíos afectivos, maltratos físicos, síquicos, emocionales, abandono del hogar, hijos huérfanos con padres vivos, hijos sin padres presentes en búsqueda de mejores oportunidades laborales, llegan a ser factores de riesgo suicida a muy temprana edad.

Hoy es muy difícil hacer un señalamiento moral al suicida, porque la responsabilidad del acto humano lo determina el grado de conciencia, libertad y voluntariedad, y ¿quién puede medir esta decisión?; pero algo si es claro, el suicidio es un renuncia a nuestra propia humanidad, ya que la vida no es un derecho sino un deber cuyo sentido nos puede resultar difícil de descubrir, pero del que nadie puede buscar excusarse. Si la vida vale la pena el suicidio es una tragedia y no una solución. Todos somos responsables sobre todo de quienes padecen el síndrome de haberlo intentado y no haberlo logrado. Una prevención basada en el acompañamiento incondicional, y con la dosis del amor que es el mejor antídoto contra cualquiera mala decisión.

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