Ángela Álvarez
Domingo 22 de Septiembre de 2013 - 02:01 AM

Ecuaciones bonitas y otros oxímoro

Recuerdo con cariño -y algo de temor- a mi profesor de álgebra, Jaime Ossa. Jaime insistía que las ecuaciones eran lindas. Tengo grabada vívidamente la imagen de él emocionado como niño chiquito, manos blancas de la tiza, sonriéndole al tablero y volteando a mirarnos con ojos brillantes. –¿Sí ven lo linda que me quedó? –nos preguntaba. Y algunas asentían, pero yo arrugaba la boca y hacía gesto de asco.

Mis hermanas y yo, hijas de ingeniero, habíamos oído el cuentico ese de que los números son lindos y las ecuaciones son como novelas de misterio. Nosotras éramos más de la idea de que Aurelio Baldor, el autor de la muy voluminosa y vapuleada Álgebra de Baldor, fue un niño rechazado por la sociedad que se dedicó a redactar ejercicios imposibles para vengarse de los hijos de quienes no jugaron con él en el recreo. Pero hay gente como Jaime y mi papá que piensan que hay algo de estético en los números, y al parecer es mucha; tanta, de hecho, que el museo de diseño Cooper-Hewitt del Smithsonian en Nueva York adquirió recientemente el código fuente de Planetary, un app para iPad.

Lo interesante de esta adquisición no es lo que hace el código ni para lo que sirve el app (es un visualizador musical bacanísmo) sino el que un museo haya adquirido el código para exhibirlo, preservarlo y admirarlo, yendo más allá de la recolección de los objetos físicos como calculadoras y computadores y otro tipo de máquinas y dispositivos que ya tienen muchos otros museos, y decidiendo que lo que hace que funcionen esos aparatos es en sí mismo bello. En otras palabras, el código es como una partitura, apreciable por lo que puede suceder cuando se ejecutan sus comandos y por tanto dignos de admiración por el potencial de belleza que contienen, pero también hermosos por lo que son, por la sutileza de las relaciones entre las líneas de texto. Según eso, los programadores son tejedores de mundos comparables con el novelista más premiado.

Para mí es complicado entender este concepto porque eso de que los números son bonitos me cuesta desde que dejaron de ser mis amigos cuando me di cuenta de que lo que en realidad importaba de la canción de las tablas de multiplicar no era el ritmo sino la letra (y yo tratando de sacarla en la flauta para clase de música). Los números y yo peleamos desde eso y yo pensé que así estábamos bien pero últimamente no estoy tan segura, menos desde que me volví adicta a Numbers, que además de un alto contenido nérdico tiene un par de actores que me parecen delectables,  y hasta he pensado en darle otra oportunidad a la trigonometría, que siempre me produjo dolor de cabeza porque para mí seno de theta era un pleonasmo y derivar era algo que se le hacía a la leche para obtener queso.

Tal vez Jaime tenía razón después de todo y haya algo de bonito en una ecuación. Voy a nominarlos a él y a mi papá al Nóbel de la Literatura Algebraica. (Q.E.D.P.)

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