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Pereira, Lunes, 21 de Mayo del 2012

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El final de los dictadores

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La suerte corrida por Gadafi y por otros líderes como Mussolini, Hitler, Somoza, no es la deseada en condiciones humanas, lo ideal es que los abusadores del poder respondan ante sus tribunales o en su defecto ante los internacionales por la comisión de numerosos crímenes de lesa humanidad y de guerra. Otros en cambio debieron dejar el poder por la fuerza irreductible de los pueblos inconformes, pero sin juicios, su sino fue el exilio como Nene Doc, Mohammad Reza Pahlevi, Pol Pot, Idi Amín Dada, Ferdinand Marcos, etc.
En cambio otros fueron condenados a muerte en procesos muy cuestionados porque sus jueces fueron los vencedores como ocurrió por ejemplo con los lugartenientes de Hitler y en el caso de Saddan Hussein. En otros sucesos se respiró un tufillo de frustración como ocurrió con Sloboan Milosevic al morir supuestamente de muerte natural antes de que la Fiscal veterana Carla del Ponte ante el Tribunal Ad Hoc para la ex Yugoslavia, lograra demostrar su responsabilidad en 77 cargos. Otros cuentan con la complicidad de los Estados musulmanes para no entregarlos a la Corte Penal Internacional, como acaece con Al Bashir , presidente en ejercicio de Sudán.
La lección ajena parece no seducir a los que ejercen el poder actualmente como acontece con Castro, Bashar al-Assad, Chávez, Kim Il Sung, Mahmud Ahmadineyad, entre otros, ingenuamente creen que permanecerán indefinidamente en el poder, peor aún cuando las leyes de la dialéctica y del materialismo histórico enseñan que sucumbirán irremediablemente.
El ejercicio ponderado del poder es quizá de las cosas más difíciles en el hombre, el control deviene inútil cuando se es incapaz de morigerarlo, la seducción es demasiada, la tentación los ahoga, los aduladores alimentan ese frenesí, por eso todo vestigio de control es reducido a la impotencia o puesto de su lado o exterminado.
El Estado Autocrático es la negación de derechos y garantías, la preeminencia del líder quien se confunde con el concepto de nación reduce al hombre a su mínima expresión de elemento para alcanzar los fines del Estado, la existencia de un único partido político matiza la unión de poderes en uno solo en cabeza del tirano, el culto a la personalidad lo convierte en un ser rayano con la divinidad, la presencia de cámaras o fotos o estatuas vigilan amenazantes todos los movimientos del ciudadano corriente, un buen ejemplo es la novela memorable “1984” de George Orwell.
La alternatividad del poder es una de las vitales expresiones de la democracia, consagrada desde la Constitución Política de 1821, igualmente la coexistencia de partidos políticos serios y de estatuto de oposición política, aunado a la independencia de los jueces, más un parlamento que ejerza verdaderamente control político, también la presencia de órganos de control, aspectos apenas mencionados para conjurar las tendencias inevitables de algunos en el abuso del poder y convertirse en la larga lista de los tristemente célebres dictadores.