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Pereira, Lunes, 21 de Mayo del 2012

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Fatalidad electoral

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PobreEl mejor 

Las elecciones del próximo domingo estarán llenas de sorpresas en algunas ciudades del país. Me temo que muchas de ellas nos costarán caro, cuando a la vuelta de cuatro años estemos evaluando el desempeño de las regiones de una nación que tendría todo a la mano para crecer económica y socialmente pero que carece de líderes locales que hagan el milagro posible. No hay sino que mirar las zonas del país que antes de la nueva ley de regalías fueron exclusivas privilegiadas y despilfarraron todos los recursos que recibían por ese concepto.
La culpa es de los ciudadanos, sin duda, que escogieron hampones como representantes suyos en el poder municipal. ¿Se equivocarán una vez más este 30 de octubre? ¡Triste, pero perfectamente posible! Ni hablar de los pueblos de la costa en los que tradicionalmente se han registrado los mayores índices de abstención electoral cuando no se presentan las más lamentables prácticas de compra y venta de votos, o debiéramos mejor decir el tradicional e impúdico tráfico de ‘conciencias’.
¿Pesimismo? No. Franqueza. La misma que tengo para advertir, como ya lo hice varias columnas atrás, que la credibilidad del proceso electoral puede verse afectado por los problemas que se presentarán derivados de un sistema de divulgación improvisado que operará torpemente en la entrega de resultados. ¡Ay del Registrador Carlos Ariel!
Mercados vendrán, buses llegarán, plata contante y sonante se verá, porque aunque los señores de la fundación nuevo arco iris pretendan hacernos creer que su depuración bastó para sanear el abanico electoral, lo cierto es que algunos caciques se han hecho a un lado para dar paso a otros peores y en no pocos lugares del territorio nacional, maleantes políticos aprovecharán para gobernar en cuerpo ajeno.
Pero como si hubiera algo peor que lo que ocurrirá en las elecciones del 30 de octubre, aparece el problema de gobernabilidad que vendrá desde enero cuando alcaldes y gobernadores se posesionen habiendo ganado con porcentajes nimios y sin bancadas sólidas en los concejos y asambleas que les permitan hacer realidad los planes de gobierno por los que, en teoría, votaron los ciudadanos. Ni mayorías ni bancadas. Así serán los próximos cuatro años para muchos de los favorecidos candidatos en gran parte de Colombia.
Una súplica: ¡No nos equivoquemos!