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Pereira, Lunes, 21 de Mayo del 2012

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Tatamá, la última frontera

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El cerro del Tatamá domina el paisaje del occidente de Risaralda. Desde muchos sitios de Pereira y de Marsella se aprecia su  imponencia y su perfil largo y aserrado, sobre todo en las noches de tempestad en el Chocó. Se encuentra  muy cerca y a la vez muy lejos de nosotros. La entrada principal está en los Planes de San Rafael-Santuario a solo 72  km de la capital por carretera; sin embargo, es un territoriodesconocido y lleno de historias y leyendas. 
Fue declarado  Parque Nacional Natural ( PNN) en 1987como resultado  de una campaña cívica basada en las recomendaciones del profesor Thomas van der Hammen, quien en el marco de la II Expedición Botánica realizó  estudios  en la zona. Ocupa 51.000 hectáreas de siete municipios y tres departamentos.
Debido a su irregular topografía, su conservación es excelente y alberga uno de los tres páramos vírgenes que sobreviven en Colombia. Por eso es un área de alto interés científico y un refugio  intacto para fauna y flora. En sus entrañas nacen una docena de ríos que caen al San Juan y al Cauca.
En 1991 el Departamento propició la creación de la Asociación de Municipios del Tatamá (Asomuta) que fue muy útil, pero duró muy poco. Ahora renace con  el refuerzo del Chocó y del Valley formará un anillo de gobiernos locales y de sociedad civil para proyectar la reserva y protegerla de amenazas como  la gran minería, por ejemplo.
El Tatamá tiene en su biodiversidad  una riqueza latente. Sus servicios a la biosfera -en la mitigación del cambio climático- serán cada vez más apreciados. Su producción de agua es invaluable y estratégica. Su fama entre  la comunidad científica ya atrae visitantes como los observadores de aves en Pueblo Rico y Apía y grupos de universitarios que realizan jornadas de campo en Santuario.  
Las sinergias que surjan entre el PNN, el Paisaje Cultural Cafetero, la “Caficultura Climáticamente Inteligente” y los  fondos derivados de las regalías son  la clave para sacar esa provincia de Risaralda del atraso. Para conseguirlo  es necesaria la voluntad política, la fortaleza de Asomuta y unos planes  y programas que articulen todo.
La última frontera de Risaralda estará en primer lugar en muy poco tiempo.   Ojalá que así lo entiendan los alcaldes y las clases dirigentes de las localidades que disfrutan de las influencias  de esa maravilla del planeta.