La democracia mexicana está en riesgo. Igual o peor que la colombiana en épocas de Pablo Escobar y después del clímax de la guerrilla cuando hizo ver tambaleante nuestro establecimiento.
Por supuesto, los manitos han demostrado un salvajismo, una sevicia que nunca los nuestros aplicaron. Sin aminorar lo del avión de Avianca, en México matan decenas de personas al día, casi todos víctimas de las vendetas entre los grandes grupos narcotraficantes.
Antes de la guerra mafiosa ya había dos países. En el norte con gran desarrollo atado a la economía norteamericana, instalaciones industriales y enormes negocios de maquila. En el sur una nación campesina y pobre, con magro crecimiento y muchas necesidades insatisfechas.
Hoy el norte es escenario de la sangrienta confrontación, causa de la deslocalización de mucha industria con capital extranjero y de una sensación de inseguridad que impide la actividad lícita. Se afecta también con la crisis de su gigante vecino, que redujo los negocios de manera evidente.
Se calcula que en el gobierno de Felipe Calderón habrá 50.000 muertos. El presidente emprendió su lucha contra el crimen organizado. Que no ganó, llenó de luto al país y corrompió aún más la fuerza pública.
Las elecciones del 1 de julio deberán decidir entre un viraje a las políticas de gobierno o la continuidad de una gestión mediana y de un estancamiento institucional. Si no se logran mayorías en el Congreso, sean de quien sean, el futuro no está claro.
Enrique Peña Nieto, joven militante del PRI, lidera los pronósticos. Sería el regreso al poder del gran partido mexicano, después de 12 años de desierto y oposición. Aunque sus respuestas sobre temas generales han sido tan desafortunadas que bien pudiera quedar en el camino.
El PAN de Fox y Calderón tienen en la mira a una mujer, Josefina Vásquez Mota. Una gran apertura en una sociedad reconocida por su machismo. Esperan la visita papal de marzo para decidirse.
La izquierda repite con Manuel López Obrador. El Partido de la Revolución Democrática, PRD, optó por insistir con su viejo líder, perdedor con Calderón, que pasados los años ha moderado su lenguaje y ahora clama por la reconciliación nacional y la renovación moral de la sociedad.
La suerte de México es la suerte de América Latina, sin duda en una de sus naciones protagónicas y siempre en primera línea. Pese a que sorteó la crisis financiera mundial, recibe importante inversión extranjera, no ha logrado reducir la pobreza, ni mejorar la competitividad. Más del 60% de la población económicamente activa trabaja en la informalidad.
Habrá que poner coto a la impunidad y a la corrupción.
Hasta ahora ninguno de los candidatos ha mostrado una nueva visión de país que derrote el escepticismo que domina la gran masa de votantes.
Candidatos pequeños para problemas gigantes, sentencia Carlos Fuentes.
BREVETE: La sociedad civil continúa gratamente sorprendida con la gestión del alcalde Enrique Vásquez. Todo lo que ha hecho es digno de reconocimiento. Qué más que enfrentarse a la voraz corrupción que nos flagela.









