| 

Pereira, Lunes, 21 de Mayo del 2012

Redes Sociales La Tarde

 

 

Síguenos en: Twitter La Tarde Facebook La Tarde Bloggers La Tarde
Inicio Opinión Columnistas Sacerdotes asesinados:una alerta

Sacerdotes asesinados:una alerta

Correo electrónico Imprimir PDF
Valoración de los usuarios: / 69
PobreEl mejor 

Los resultados de la fiscalía sobre los móviles del asesinato de dos sacerdotes en Bogotá deben suscitar profundas reflexiones desde la Iglesia colombiana y hacia la sociedad.

Los medios han sido prudentes, pero es imposible que en un país con el 70% de la población católica, no se generen sentimientos de dolor y desconcierto que deben ser tratados adecuadamente. La información despierta inquietud porque es un mensaje contrario a la esperanza y amor a la vida propios de los cristianos. Pero más grave aún, son las explicaciones vacías y ligeras que dan algunos obispos.
Seguir el Camino, la Verdad y la Vida implica coherencia en sus pastores, marcando la diferencia con otras concepciones. La valiosa institución eclesial que tanto aporta y aportará a los católicos, como pieza clave para nuestra vida, no necesita evadir el examen de conciencia que en este caso corresponde a sus jerarcas, pues el hecho no se queda ahí, dado que hay signos de alarma que conducirían a nuevos sucesos que, lo digo con todo respeto, parecieran no ser atendidos adecuadamente.
Veamos: El de los sacerdotes de Bogotá es uno de los más cruentos eventos de SUICIDIO ASISTIDO, en contradicción con la fe, la Palabra y las orientaciones doctrinales. La psicología enseña que si alguien se quita la vida, debe examinarse su contexto familiar y la persistencia de factores de riesgo. La comunidad de sacerdotes es la familia, encabezada por el obispo. También han de ser revisados los antecedentes, situación en la cual encontraremos otras anomalías, como un caso no explicado en Antioquia cuando otro sacerdote murió en un lago del seminario, y se habló que fue por depresión –sugiriendo suicidio-  e incluso lo sucedido en la diócesis de Pereira, con el asesinato de mujer e hija de un clérigo. Aunque no fue suicidio sí es un acto contra la vida. Son expresiones de infiltración decadente en la Iglesia; y la vaguedad de sus voceros es peor.
Había acusaciones serias, donde acciones a tiempo habrían podido evitar el desenlace, como las hay en otras diócesis, pero se llega a golpear al que denuncia protegiendo al denunciado. Las declaraciones de algunos obispos son evasivas: “el no fue quien lo hizo”, “es problema personal”, “no juzguemos, pidamos oración”, “Esperemos resultados de la justicia”… Mientras dedican largas jornadas a buscar participación en asuntos menos eclesiales como la política, donde los resultados son precarios. Así, los modelos de identidad, que son los clérigos, se desdibujan por culpa de unos pocos.
Es triste decirlo, pero las dificultades de la Iglesia se dan por los ataques externos de sus enemigos, y por la forma de actuar de algunos al interior. Debemos rodearles con amor, pero tenemos derecho a hablar. Qué haya enmienda verdadera que recuerde que Jesús dijo “VIGILAD y Orad para no caer en tentación”.