El próximo lunes comienza el año lectivo para los estudiantes de colegios privados y públicos del departamento y con respecto a estos últimos hay preocupación en el sector porque no se han completado las matrículas.
Es una gran paradoja de regiones como la nuestra, que el estudio parece no estar entre las prioridades de los padres de familia para sus hijos, sobre todo cuando ya no hay excusas para no tener los hijos estudiando.
Recientemente en Dosquebradas se hacía un urgente llamado a los padres, por medios de comunicación y asociaciones de vecinos, en el que sus autoridades de educación afirmaban que si era necesario iban a ir de puerta en puerta a buscar a los niños que no estaban escolarizados, para que asistieran a clase a partir de la próxima semana.
La educación es gratuita hasta el grado 11 en el sector público, existen subsidios al transporte y a la alimentación en los centros educativos, para suplir las necesidades de aquellos infantes cuyos padres no tienen recursos suficientes para compensarlos.
Pero esas siguen siendo -al parecer- las llamadas trampas de la pobreza, según las cuales por más ayudas que se ofrezcan para la escolaridad de los próximos ciudadanos, no hay disposición de los padres o acudientes para incluirlos en el sistema.
Un niño o una niña que no tenga escolaridad, seguirá alimentando el círculo vicioso de la pobreza y el subdesarrollo y se quedará de cualquier posibilidad de ingresar en el sector productivo y de crecimiento de la sociedad donde habita.
Si es necesario, como aparentemente lo están haciendo en la Alcaldía de Dosquebradas, habrá que ir por los niños a las casas para que ingresen a las aulas de clase y no estén al servicio de adultos trabajando.
Además el Estado debería castigar de alguna manera (con los subsidios, el Sisbén, etc) a los padres de esos menores que hoy por hoy no tienen ninguna excusa para no estar en salones de clase.

