Supongamos que el gobierno firme el acuerdo y desembolse los 600.000 millones de pesos que cuesta levantar el paro cafetero. Supongamos que los cafeteros vuelven a sus tierras, y a sus familias. Supongamos que la Federación Nacional de Cafeteros, y sus comités vuelvan a sus actividades acostumbradas. Supongamos que salimos de este problema.
¿Cómo amaneceremos mañana? ¿Tendremos una mejor caficultura? ¿Tendremos una mejor agremiación cafetera?¿Podrá nuestro caficultor ofrecer un producto de mayor valor agregado? ¿Tendrá herramientas el caficultor colombiano para acercase a su clientela? ¿Podrá el caficultor contar con canales de comercialización que garanticen precios justo para toda la cadena?
Resulta increíble que después de más de 10 días de paro a un costo infinito para el país, tanto desde el punto de vista humano como económico, las discusiones sobre las cuales ha girado la disputa cafetera no han abordado ni una sola de las preguntas anteriores. Seguir hablando del dólar, del precio mínimo de la carga, del precio de los insumos… es perder de vista la discusión estratégica sobre la caficultura. Es perder de vista el origen de la pobreza de nuestros productores cafeteros y la riqueza producida por el café a nivel mundial, riqueza que no hemos sabido atraer a las laderas colombianas.
Es indignante ver la ausencia de una propuesta diferenciada por parte de la agremiación de los cafeteros, y lamentable, por otro lado, oír las exigencias de los cafeteros. El paro cafetero llegó 30 años tarde y con el peor de los argumentos posibles y el gobierno, junto con la Federación, han sido miopes frente a la verdadera necesidad de nuestra caficultura.
El caficultor es el único eslabón de la opulenta cadena, administrando pobreza. Lastimosamente, los actores quieren seguir ejerciendo este infame rol, olvidando que se encuentran relegados a ser la pasilla de la pasilla del negocio cafetero.
Ojala pudiéramos ver propuestas serías para entrar a ese negocio, que nos permitieran tener puntos rentables de venta por todo el mundo. Pasar de los 150 que tenemos hoy, a 10.000 puntos costo-efectivos y cercanos al consumidor. No podemos seguir creyendo que la soberbia de la Federación va a atraer clientes en Londres, como lo hace con los líderes de los Comités de cafeteros.
El futuro del café de Colombia, está en juego, sin lugar a dudas. Las discusiones que se tienen que dar para enmendar el rumbo son de fondo y precisarán grandes esfuerzos de todos los bandos, pero da grima tener que afirmar que hoy en Pereira nadie habla de ellas.



