
Para eso es que las Farc mantienen secuestrados en Colombia, para cada cierto tiempo entusiasmar a las familias de los plagiados con las liberaciones, poner a todo el mundo a opiniar si es tiempo para el proceso de negociación política, y luego decir que no, que el Gobierno es el que retrasa la salida a la libertad de quienes padecen la ignominia.
Para terminar de completar su juego, atacan bases militares, torres, estaciones de policía, asesinan servidores públicos, bloquean departamentos.
¿A quién le cabe ya duda de que lo que hace esa guerrilla no es más que un juego siniestro, que utiliza cada cierto tiempo, cuando no se siente protagonista de la vida del país -que se desarrolla en relativa tranquilidad, muy a pesar de ese grupo terrorista- y vuelve a buscar eco.
La razón se la ‘copian’ algunos medios, políticos caídos en desgracia, movimientos que no se representan a nadie más que a sí mismos, pero que argumentan que los colombianos perdieron el sentido de la solidaridad.
Lo que realmente hay es un cansancio, un agobio generalizado por tener que seguir padeciendo a ese involucionado grupo de personas, para las que un ser humano no es más que una mercancía que pueden exhibir, como en la época esclavista, para ver quién da más por él.
Están bastante alejados de la realidad, quienes todavía creen en gestos humanitarios de esa organización delictiva.
Las Farc pueden liberar a los secuestrados que tienen en su poder, si se les diera la gana. Pero no quieren, no les parece buena idea, porque les quita la única razón para seguir existiendo: ser traficantes de seres humanos.
Expresamos nuestra solidaridad en principio a las familias de los secuestrados y a las de los militares y policías que han fallecido como producto de los actos terroristas de los recientes días y los que ya la historia de los más de 200 mil muertos de esta página negra han dejado.









